Me obligaron a fructificar

Me obligaron a fructificar

Aquí estoy, otra vez, frente a ti. Mi cabeza no puede imaginar nada, únicamente vacío. Han sido días sin poder acariciarte. No eres suave, tampoco áspera. Tu olor es especial, pues de ese aroma recuerdo toda mi historia. ¿Por qué nos distanciamos intermitentemente? Hay días en los que gozo posar mi mano sobre ti, pero, hay otros días en los que tu blancura me genera repulsión. He pasado largas horas preguntándote qué debemos plasmar para trascender. Pero nos quedamos en el acto, nunca pasamos a la potencia, o al menos eso me sucede a mí. El viaje que emprendemos es individual, tú esperas todo de mí y yo quisiera que me dieras las ideas para poder ser.

Tiemblo de miedo, no sé qué hacer. He quedado perplejo. La sensación de incertidumbre me llena completamente y me deja estéril ante ti. No logramos fecundar una nueva vida. Camino para respirar más tranquilo, me muevo de un lugar a otro para que surja esa fertilidad, sin embargo, tú te quedas sosiega. Me angustia la forma en la que me miras, sin decir nada. No plasmas nada, necesitas de mis palabras, pero, no sé qué plasmar.

Detesto amar nuestra relación. Estás tan segura de que nunca podré dejarte. Te equivocas. Mi necesidad de tenerte en mi vida no es más que un espacio determinado de un sentido que surgirá cuando complete mi labor. Luego te irás, desaparecerás, serás borrada por mí. En un tiempo posterior serás nada, olvidada. Pero por el momento eres todo para mí. Amo odiar esta relación estrambótica.

No veo respuesta tuya todavía, únicamente te quedas ahí, mirándome, mirándome, mirándome. ¿No quieres decir algo? ¡Necesito que digas algo! Lo que sea, por favor. Me siento agobiado al ver que no puedes plasmar algo para nuestra trascendencia, seguimos en acto, al menos, tú no quieres mostrar tu potencial, estás ahí, muerta en vida, inerte, impertérrita. Exploro los estímulos externos, puede que uno de ellos logre llevarte a la excitación y puedas empezar a soltarte, pero no me apoyas. Todo intento de poder hacerte sentir se ve cesado por tu indiferencia. Todos hablan de ti, pero, ¿para qué? No te mueves, no sientes, no haces nada. En realidad, no sirves para nada. Estás vacía, sola, triste, incompleta. La realidad de tu caso es que necesitas de alguien para transformar ese acto en potencia. Pero, puede que al estar conmigo te gusta ser huera. Te he visto bailar al lado de otras personalidades, eres increíble siendo una inspiración para otros, un momento de llanto, de risa, de emociones tan diversas; gratificantes o no, para otros. Sin embargo, ¿por qué conmigo te comportas nulípara? Eres completamente aséptica conmigo.

Tu rostro, invisible, sonríe y se burla de mí. No sé qué simbolizar, pero sabes que debo empezar a hacerlo; lo único que nos une ahora es la relación que nos potenciará en nuestra esencia. Para existir, en otro pensamiento, debemos trascender este blanco vacío y pasar a ser un blanco con líneas negras. Transformando el vacío en dibujos extraordinarios. Dando forma a la materia, dándole paso a un cambio físico y no esencial. Explorando tus insinuaciones, no sé qué dialogar contigo.

Pongo atención al exterior, no hay nada de extraordinario. Los viajes de mi casa al trabajo son vanos, llego al lugar en el cual hablo sobre verdades, pero ninguna se plasma con nosotros. ¿Qué quieres que observe para estimular tu forma de expresión? Puse completa atención a los detalles, pero el soneto de la libertad, que vuela, no me inspira en lo absoluto. Tampoco siento empatía al ver la injusticia arrancar la felicidad de un ser, que posteriormente lloró, por el despojo del sabor dulce en su boca. ¿Cómo debo expresarme para que tenga la oportunidad de gozar de tu talento? ¿Cómo podemos ser fértiles? Las ondas amarillas denotan belleza, pero, ¿es realmente bello? Su actuar impasible me dice lo contrario. La forma de guitarra me pesca, al igual, muero por mi boca qué no sabe que decir ante esa figura perfecta. Lo que más me desagrada es la incapacidad de relacionarme contigo. Intento, intento y sigo intentando. Trato de escucharte, pero el silencio no grita absolutamente nada ahora. Quisiera escribir el verso más bello, pero mi capacidad receptiva no me permite ser aquello que debo ser. Sigues en acto, yo intento hacerte cambiar, no puedo.

Escapo de ti, me has hecho sentir miedo. Ahora te presentas lejana y magnánima. Mi tamaño comparado con el tuyo, es indescriptible. El mutismo emitido por ti me hace sentir escalofríos. El día acaba y no he logrado intercambiar una sola palabra contigo. Mi mano tiembla, ¿seremos capaces de departir? Mi mano se acercó a ti con cobardía. Esta vez eras dura y sin expresión. Tu risa se había ido. Solo me mirabas, me mirabas y no dejabas de mirarme. Fijamente. Ese sitio de distancia entre nosotros era frío, sin vida. El aire que respiraba era denso. Y tú, seguías mirándome y mirándome, y mirándome, y mirándome. No tenías otra tarea más que juzgarme con tu mirada.

Oí hablar de un amor tuyo y fui inmediatamente a platicar con él para saber cuál era el secreto para intercambiar palabras contigo. Para mi sorpresa, solo me dijo: “no hay fórmula secreta, ni siquiera Thot podía”. Mi rostro se acongojó. La diosa frente a mí seguía sin ser descifrada. Tus códigos son para mí todavía un misterio. Al irme del hogar de tu amor, me dijo unas últimas palabras: “no hay manera de hablar con ella como protagonista. ¡Oblígala a dialogar contigo!”. No entendí casi nada. ¿Obligarla? No creo ser capaz de obligar a una persona adusta a ser cálida. Pero era lo único que pude conseguir. No tenía otras opciones.

Empecé por acercarme a ti y tratar de que me respondieras a cosas sencillas. Mi frustración crecía poco a poco por la nula respuesta. Seguía intentando, no había respuesta. Cambié de técnica, ahora me dispuse a tomarte fuertemente y a zarandearte. Por primera vez empezaste a oponerte, estaba sirviendo. Había una respuesta de la nada. Cambié de técnica, te pedí que habláramos, que respondieras mis preguntas. No decías nada, nuevamente. Pero la sensación era diferente, me dejabas posar mis manos encima de ti. Mis caricias formaban siluetas en tu cuerpo. Tu rostro insensible empezó a cambiar de expresión y parecía que las paredes que se interponían entre nosotros, poco a poco, eran derrumbadas por la estimulación de mis dedos. Proseguía con mis movimientos, mis manos eran rápidas y tu expresión cambiaba a una de satisfacción más ardiente. Tu rostro ahora vehemente me indica que en cualquier momento hablará.

Nos llevó mucho tiempo poder convivir. Lo logramos. Nunca pensé que nuestra conversación fuera como un proceso de cribar. Tus palabras eran tan rápidas que no lograba atraparlas. Quería que hablaras y nunca pensé que fluirías con tanta destreza que sería incapaz de cogerte. Tu inspiración era como arena cayendo constantemente en mis dos manos, imposible de atrapar. Lo que intentaba asir era poco en comparación con lo que tú me dabas. Ahora entiendo algo. Me obligaron a fructificar, algo de lo cual estás completamente en contra, pues al hacerlo desbordas la imaginación y eres inaprehensible. Amo tu libertad y al mismo tiempo la odio. Amo nuestra relación tan intermitente de efímeros periquetes. El reloj emite su enigmático “tic-tac”, te sorprende el sonido y te esfumas. La criba ha terminado y ha quedado lo que tenía que quedar, lo demás fue expulsado y desechado para otros tiempos y momentos.

Gabriel Eduardo Avalos Vales.

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