Amanece el último día

Amanece el ultimo día

Amanece el ultimo día del año, dentro de unas horas la euforia atronará en medio de la oscuridad, mientras tanto, todo es silencio a mi alrededor. Desde hace un par de horas he estado trabajando frente a la computadora, pero intempestivamente mis pensamientos cambiaron de rumbo para impulsarme a escribir.

Sí, el impulso, ahora me guía hacia lo que no acostumbro hacer, realizar una especie de recuento de lo realizado durante este 2022, como acostumbran muchas personas, evaluar mi vida de estos trescientos sesenta y cinco días.

Pero hablemos nada más de mi pasión, la literatura. La lectura abarcó una buena parte de las horas, reviviendo las grandes aventuras de los antiguos cantares de gesta, las historias envueltas en leyendas y mitos de seres fantásticos. También me llevaron a sus mundos autores del pasado y el actual siglo, con las historias de personajes muchas veces tan normales como nosotros mismos con los cuales logré la empatía o simplemente fueron opuestos a mi forma de ser.

En mis circunstancias, dos cosas se volvieron hasta cierto punto obsesivas, por un lado la vorágine política me envolvió, no pude dejar de leer los libros de esta coyuntura que cayeron en mis manos, unos de papel, otros electrónicos. Como humano estoy inserto en una sociedad y me intereso por lo que en ella sucede, por el buen gobierno, la justicia, la paz, el bien común, lo que parece no existir en nuestros días, y en mi racionalismo de pensar filosófico quiero entender, corregir; las ideas se convirtieron en obsesión, solo con esos temas se plasmaban por escrito mis ideas, señalando aquello en lo que no concuerdo y tratando de proponer algunas soluciones, con la ilusión de que servirán para hacer reflexionar a mis lectores con el objeto de transformar nuestra realidad.

Frente a esa situación poco deseable, profundicé en los terrenos de la estética en un diálogo con grandes filósofos y escritores. Entre ellos sus ideas se van tejiendo, afirman, se contradicen, se complementan, cada uno siguiendo su punto de vista, y entre todos muestran las aristas de esta parte de la filosofía donde el conocimiento y el raciocinio se entrecruzan con la imaginación y la fantasía, para hacerlos vivir en armonía. Ha sido un constante estudio para tratar de entender la belleza, para escribir sobre ella, para plasmarla en mis escritos con el afán de perfeccionar el estilo personal, pues insisto que sencillo y elegante debe ser el lenguaje para expresarse de manera bella, usando el significado exacto de las palabras para comunicar con precisión la idea que surge de la inspiración.

Una novela permanece inconclusa en la memoria de la computadora, avancé algunas páginas, no pude mucho, una de sus causas fue la falta de tiempo en la cantidad suficiente, solo me permitía poner algunas palabras esporádicamente. Y otra, las obsesiones que bloqueaban constantemente la fluidez de la historia. No logré tener un buen diálogo con los personajes para que me dictaran lo que ellos querían plasmara en palabras. Se necesita silencio, tanto dentro de mí, como en la biblioteca, y mucha calma, solo así puedo hablar con ellos, entenderlos, interpretarlos.

Cierto es que cuando estaba en “modo escritor”, como sucede en este momento, muchas ideas breves alcanzaron su expresión, para producir en mi ser un estado de ánimo placentero, de aquietamiento del alma.

Han pasado las horas, ya está totalmente claro el día, despejado el cielo, frío como lo es tradicionalmente el día de San Silvestre, no tardan en escucharse los sonidos de la casa; de afuera llega ya el cucurrucú de las tórtolas y pronto empezarán a pasar los carros por la calle.

La magia del momento se acaba como las horas de este año. Después de la euforia de la media noche, el brindis, los abrazos y buenos deseos, el tiempo seguirá su curso y con él las ideas se presentarán en nuevos escritos conforme ellas así lo vayan ordenando.

Con la venia de Dios, amanece el último día del año, con él esta pequeña reflexión y acción de gracias por el don de la vida, por el don de escribir que me ha otorgado.

Phillip H. Brubeck G.

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People Comments (2)

  • Lourdes Brubeck diciembre 31, 2022 at 2:02 pm

    Somos seres cíclicos. Evaluamos nuestras vidas según esos ciclos, aunque yo prefiero mis ciclos cortos de 24 horas. Un año es mucho tiempo si añoramos a los que ocupan nuestra mente o nuestras manos, pero es corto el tiempo cuando de decir adiós se trata.
    Mis 24 horas son más llevadera en una cama de hospital, son eternas en la espera y fugaces en los besos a mis hijos, mi esposo, mi madre o mis nietos. 2022 se cierra lentamente y 2023 se abre glorioso, lleno de promesas y esperanzas… Un año, un mes, un día ; qué más da. La vida se manifiesta en un segundo, mientras que en otro se va.

    • admin enero 1, 2023 at 8:07 pm

      Así es Lourdes, hay que vivir plenamente cada segundo, disfrutando el momento.

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