Catorce de febrero
Como todos sabéis, y yo también, ayer se celebró el día de San Valentín, el Día del Amor. Se ha escrito tanto del tema… no creo exagerar si afirmo que incluso antes de la escritura ya la tradición oral de los primeros homínidos seguro que trataba, a partes iguales, del amor y de la muerte. Fijaos que, hasta yo me ocupo a veces del asunto amoroso aún creyendo que el amor no es más que una engañifa, un truco de la madre Naturaleza a la que doña Emilia Pardo Bazán llamó madrastra, para perpetuar la especie de estos bípedos de dos patas, de mente tan compleja que necesitamos un subterfugio emocional para disfrazar al instinto.
La RAE da nada menos que catorce acepciones, no es de extrañar para un concepto tan complicado de definir. Podemos añadir una más: «excusa mercantil para incentivar el consumo». La cuestión es hablar del tema, aunque sea mal, parafraseando al genial Salvador Dalí. Y a propósito, ¿qué mejor regalo que un libro?
Hace unos meses mi amiga y compañera de letras Blanca del Cerro presentó su última novela «Al borde del precipicio» en la que su protagonista vive, una tras otra, dos historias de amor y alguien de nuestro entorno sugirió que dado que mi idea del tema difiere de la suya y que los personajes de «Un álamo en otoño», la primera novela que yo publiqué viven el amor de otra manera, podríamos hacer una presentación conjunta y establecer un diálogo al respecto haciendo partícipe al público y tuvimos la suerte de que la Biblioteca Eugenio Trías, la de El Retiro de Madrid, tuvo la gentileza de acogernos. Se celebró el evento este pasado jueves y resultó muy bien. Amén de la venta de libros para regocijo de nuestras respectivas editoriales, nosotras disfrutamos mucho y la gente salía contenta con los ejemplares bajo el brazo.
Volviendo a la esencia: del amor, en cualquiera de sus vertientes, no se escapa nadie. La protagonista de mi novela tiene la suerte, para su crecimiento personal, de experimentar varias de sus caras. La más oscura en su primer matrimonio y la otra cuando goza de las mieles del enamoramiento y de las muchísimas emociones que la complicada situación le depara. Con la suerte de que en su segundo encuentro, los dos protagonistas, entre vicisitudes, luchan por convertir los fuegos artificiales del principio en algo mucho más profundo, más duradero y más hermoso.
Permitidme que me acoja a otro de los cauces del amor: la devoción por los libros, por los que son producto de la buena literatura como bien proclamamos desde el grupo Visibilidad, el Gran Reto, del grupo cultural Notting Hill. Un buen libro acompaña, consuela, evade, enseña, distrae, emociona… lista interminable de acciones benéficas que atacan y vencen a la soledad, al aburrimiento o a la ignorancia, entre otros males. Sin olvidar que un buen libro nunca traiciona. Podrá gustar más o menos según el tema o el estilo del autor o el momento en el que cae en manos del lector, pero aún sin acabar de enamorarnos, incluso aunque tengamos que dejarlo, tal vez para otro momento de nuestra vida, no deja de cumplir con sus misiones y satisfacer alguna de las expectativas de las manos que lo han elegido y del intelecto que lo valora.
¿Y cómo reconocer ese libro bueno del que hacemos gala en el grupo Visibilidad? Dando por hecho que está bien escrito, que es correcto, es decir, que respeta el idioma y su uso, esas son condiciones mínimas, básicas, imprescindibles, un libro es bueno cuando deja en el lector un poso, grande o pequeño, una emoción, un aprendizaje, un detalle que ayuda a amueblar el cerebro y el alma.
Sólo un apunte final: aunque estas dos novelas presentadas el jueves en El Retiro hablan del amor, en absoluto son lo que se entiende en tono vulgar como novela romántica. Son dos obras en las que los temas son profundos, terribles a veces, sociales y humanos. Y claro, como el amor, en sus catorce acepciones oficiales de la RAE, y alguna más, anda enredando en todas partes, pues en estas dos obras nuestras, “Al borde del precipicio” y “Un álamo en otoño”, también. ¡A disfrutar, lectores, de la buena literatura!
Eva Barro.
España.



