
Poema: Habito una ciudad que no es tu cuerpo
Habito una ciudad que no es tu cuerpo, pero asemejan sus iglesias y sus plazas el alfeizar bendito de tus pechos, la explanada inconclusa de tu vientre
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Habito una ciudad que no es tu cuerpo, pero asemejan sus iglesias y sus plazas el alfeizar bendito de tus pechos, la explanada inconclusa de tu vientre
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Eres la plaza de armas peinada de cocuyos en las fiestas de mi ciudad. Sus fuentes de colores surten de tu hipogastrio estrellas.
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Divina complicidad. Te invoque, ¡Oh Dios! desde mi llanto, el goce sublime del dolor divino, un amor sin tregua, sin medida, adivinando mi levedad…
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Atardecer en el mar. Las crestas de plata abrazan las rocas; alas de espuma que besan el cielo salpican las olas con desconsuelo...
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