Abandonado en el río.
Dentro del agua cantadora
que sin ningún temor,
baja desde El Cendé limítrofe.
Te espero en la tarde decembrina,
agua fría
sumatoria de quebradas y manantiales,
así es el Río Tocuyo
en su naciente paramera.
Allí te espero,
en traje libertario,
el del Adán bíblico,
ingenuo y sin pecado.
El arrebol despide al día,
allá en el oeste lejano,
infinito hermano de la noche,
cómplice eterno de juventudes,
con el agua transparente del hilacho que baja,
aglutinante de otras aguas color ámbar.
Allí espero,
con la satiriasis juvenil,
clavada,
en el cerebro de sueños.
No llegaste,
pero te encontré,
en la vieja cobacha,
en brazos de Morfeo,
y el dionisiaco líquido,
dueño de tu descanso.
Pablo Quintero Rodríguez.
Venezuela.



