Abriendo caminos

Abriendo caminos.

Míralas… ahí van.

Las mujeres avanzando como el tiempo y las añoranzas cogidas de su mano.
Sin mapas, sin guías… Sin brújula.

Llevan a cuestas la mochila que carga la esperanza de un hogar,
pero también las heridas de lo que tuvieron que dejar atrás.
El terruño que ya no dio de comer, los seres que dejaron de ser,
el peso de no pertenecer al lugar al que se tienen que marchar.

Míralas… ahí van.

Separadas de sus padres, de sus hijos.
Avanzan y cada vez la distancia les corta el alma
como cuchillo afilado con el olvido y la indiferencia.

Ahí van… Si enferman, difícilmente encontrarán ayuda.
Almas vulnerables de la violencia de cualquier tipo.
Seres de luz que generalmente no serán amigas de las letras.
Extrañas dirán muchos, tan solo por haberse salido a su vida mejorar.

Míralas… ahí van.

Con frío, con hambre, con sed y miedo de un día de no despertar.
Con trabajos que no pagan mucho pero que, ellas no se rinden,
porque esperan un día tener un techo donde sus fatigas puedan descansar.

Ahí van, sin esperar que alguien les abra las puertas,
que ellas mismas van empujando con sus propias manos.
De pie, aunque su alma esté casi en el suelo, por cada golpe,
por cada humillación, por cada vejación.

Míralas… ahí van.

Con una fuerza inquebrantable ante lo que a cualquiera rompe y,
aunque el suelo, el idioma y el tiempo cambia constantemente,
ellas siguen sin flanquear, porque sus pasos, abren caminos a las que vienen detrás…

Sin barreras… Sin muros.

Marco Antonio Espinosa López.
México.

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