ABSURDO.
Resistiendo
al absurdo
a todo el universo
de disparates
creado y concebido,
al mareo,
al deseo desmedido,
a la intención ecléctica
de desechar
el amor.
Sobreviviendo
al absurdo,
a la raquítica
meditación
de lo tangible,
a ese absurdo
de hombre
que no reconoce
su Ser,
que construye
absurdamente
su deshumanización.
Asumiendo,
reconociendo
el absurdo
cómo ley,
cómo regla,
cómo filosofía
imperante,
casi como atado
a una cordura falsa,
a un sentir
disgregado,
desnutrido,
sobornado
por materia
y apariencia.
Resistiendo
a ese absurdo
devastador,
oscuro,
casi imperceptible,
que nubla
con su paraplejia
nada menos
que a la belleza,
a la verdad,
a la vida.
Jorge Mercadal.
Uruguay.



