ANTE TU CRUZ.
Aquí estoy Señor, ante tu cruz,
postrado con la cabeza baja,
no me atrevo a levantar los ojos,
la vergüenza de mis pecados
me mantiene humillado.
–“¡Perdón Señor!”–
es lo único que brota de mis labios,
en un susurro
desde el fondo de mi corazón.
El templo está en silencio,
deja escuchar el llanto
de mi alma atribulada
por el peso del pecado,
de la pasión no dominada.
Mi vista se atreve a subir a tus pies
clavados en el madero,
ahí los he inmovilizado,
intentando detener
tus pasos por el mundo.
Es un vano intento,
sigues caminando
en medio de la debilidad humana
para afianzar mis pasos
en los senderos escabrosos.
Tus rodillas lastimadas,
testimonio de las caídas
en el ascenso del calvario,
me invitan a levantarme
y no permanecer abatido.
De tu costado mana sangre y agua,
la lanza de mi debilidad
ha penetrado en tus carnes.
¿Cómo es posible esta crueldad?
Mi lengua desbocada
lacera a mi prójimo,
lo atraviesa por las partes débiles
con la mentira y la envidia
del mal juzgar.
Mis manos codiciosas
clavaron las tuyas,
las mías se abrieron
para abarcar riquezas;
las tuyas para abrazarnos
en tu misericordia.
Te coroné de espinas
en mi ansia de poder
sobre mis hermanos indefensos,
la soberbia de mi pequeñez
en vano intento de grandeza,
en creer que era libre de pecado,
pero ahí estaba mi falta.
Aquí estoy Señor, ante tu cruz,
de hinojos impetrando perdón,
soy un mísero pecador,
un humano de frágil voluntad,
quisiera aliviar tu sufrimiento
en esta cruz donde te clavé,
haz que mi llanto
enjugue mis faltas
para morir contigo.
Misericordia Señor,
solo tu amor me puede salvar.
Solo Tú puedes cambiar
este mi duro corazón
para que sepa amar
a todos cuantos me rodean.
Aquí estoy Señor, ante tu cruz.
Enséñame a amar
como Tú nos amas.
Phillip H. Brubeck G.
México.



