La lectura
Leer es una actividad intelectual a la que la Real Academia Española (RAE) le asigna nada menos que ocho acepciones. La que más me gusta es la tercera: “Entender o interpretar un texto de determinado modo”. La primera, “Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados”, es lo que yo llamo decodificar y que, por desgracia, es lo que hacen algunos alumnos, demasiados, cuando se enfrentan a la lectura; es lo que nos enseñan y enseñamos en Educación Infantil y que a medida que avanza nuestra edad y pasamos de curso, tratamos de convertir en “lectura comprensiva”, es decir, “proceso activo de interacción entre el pensamiento y el lenguaje, donde el lector no solo decodifica palabras, sino que interpreta, analiza, critica y construye el significado de un texto”, no siempre con éxito. Qué pena que un porcentaje demasiado elevado de nuestro alumnado sale de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) igual que entró, es decir, analfabetos funcionales: codifican y decodifican pero no comprenden el contenido, lo que les supone una dificultad insalvable, por ejemplo, para resolver un problema de Matemáticas, de Física o de Química, o para adquirir conocimientos de Historia o de cualquier otra disciplina. ¡Cuántas veces, y los ex alumnos que me leen darán fe, en medio de un examen Pepito o Juanita me han llamado, atascados en una cuestión! Y tantas otras interrumpía yo el examen y obligaba a uno de ellos a leer en voz alta el enunciado, o lo hacía yo misma, para obtener, de inmediato, suspiros y sonrisas de alivio, y varios “ahhhh… eso…”, sin que se necesitara más explicación. Las dificultades en matemáticas tienen, casi siempre, su base en la comprensión lectora. Y en otras asignaturas, también. ¡Cuántas veces he dicho yo en clase que la asignatura más importante de todo el currículum era la Lengua Española! Y alguna que otra vez, con gran pena, tuve que oír de boca de algún padre o madre que su querubín perdía mucho tiempo leyendo. No, no, queridos padres, el tiempo lo pierden con los videojuegos y las redes sociales, nunca con un libro, aunque el libro no sea el mejor de la biblioteca. Y jugar tampoco es una pérdida de tiempo, es una actividad tan necesaria como leer en el desarrollo infantil, pero juegos de verdad, con otros niños de su edad, estimulando la imaginación, muchas veces basándose en las historias de los cuentos que han leído.
Leer es una actividad intelectual que desarrolla el cerebro obligándolo a establecer conexiones neuronales entre diferentes áreas mientras transforma las ideas que decodifica y a continuación interpreta, en imágenes, sonidos, y toda clase de estímulos, generando un entrenamiento que repercute en la ampliación de todos los tipos de inteligencia que poseemos, sin relegar el aporte de conocimiento adquirido que se almacena en la memoria.
En el proyecto “Visibilidad, el gran reto”, del grupo Notting Hill Cultural al que pertenezco, hemos hecho un estudio exhaustivo sobre los HÁBITOS DE LECTURA entrevistando a 504 personas, de las que un 78,57% se manifiestan lectores, dato que nos ha sorprendido con gran regocijo.
Cuando yo era colegiala, en toda la primera etapa de Educación General Básica (EGB) se dedicaba un tiempo cada mañana a hacer un dictado, corregirlo, copiar las faltas y hacer una pequeña redacción con esas palabras; cada día, cuatro o cinco compañeras la leían en voz alta después, todas las semanas nos tocaba al menos una vez. En la segunda etapa de aquella EGB una magnífica profesora de Lengua y Literatura, la señorita Pilar, organizaba certámenes de redacción, cuento, incluso poesía a lo largo del curso. Quizá por eso, en la encuesta que antes he mencionado, entre los hombres encuestados un 70% tienen más de cincuenta años y entre las mujeres que respondieron, un 86% pertenecen a ese tramo de edad.
¿A quién se le ocurrió eliminar del currículum de Primaria esas actividades? ¿Y quién sigue manteniendo esa carencia? Que le regalen como premio, un libro. Yo le ofrezco uno de los míos.
Eva Barro.
España.
