Del cuentero que aprendí

Del cuentero que aprendí.

Dedicado a la persona
que me enseñó de los cuentos.

La ratona Pepina me envió una carta para que la compartiera con Ediciones Bellas Letras:

I

En la fría nieve caminaba un valiente “Soldadito de Plomo”, con su pecho erguido, y su recta gorra que apuntaba al cielo, encontró unos bellos ojos en esa blanca estepa, diciéndose a sí mismo: “La Reina de las nieves”. Acercándose a ella le prometió amor eterno, pero no podía estar a su altura, así que se despidió de su hermosa princesa, para encontrar en el mundo, lo que se necesita para tener a tan bella mujer. Marchándose nuestro heroico amigo, entre hermosas nevadas.

En su recorrido se encontró con una extraña mujer, que le pidió que le rescatara. El “Yesquero”, de su abuela por todo el oro que pudiera cargar, al regresar quiso engañar al soldado y este le cortó la cabeza, regresando con su amada, liberando al pueblo de la bruja que acechaba en la oscuridad

II

En aquella fría calle llena de nieve y ventiscas iba la pequeña niña, que era “La pequeña Cerillera” del Pueblo, encontrándose con aquel distinguido caballero cordial que veía siempre de lejos y esta noche me di cuenta, que lucía, era “El traje nuevo del Emperador” hermoso y distinguido como él, se detuvo frente a mi saludándome, extendió su mano, para que le entregara todos los cerillos, me tocó la cabeza, y dejó caer la monedas en mis manos y me dijo:

–Buenas noches, señorita, sus servicios no son requeridos por hoy, que descanse, y apresúrese en llegar a su casa, que la tormenta se aproxima.

III

Venía corriendo a la lejanía mi amiga querida, la esperaba en este ojo de mar que entraba con su fresca agua a cada momento.

–Amiga, te invito a conocer a un amigo nuevo.

–Vamos.

Y las dos amigas salieron por el camino viejo… llegando donde el amigo nuevo. El majestuoso en su nado, con la cabeza gacha se acercó:

–Te presento a Sirenita, Patito feo –dijo Pulgarcita.

Y esa tarde fue solo risas y juegos.

IV

Un hombre para encantar a una princesa vanidosa se disfraza de Porquerizo y contrata al duende, para hacerle una travesura a esta bella dama, con un ruiseñor y una flor mágica que ella no acepta por ser poca cosa.

El hombre sacándose el disfraz le dice:

–Vanidosa, soy el príncipe y si mis obsequios mágicos no son buenos para ti, debes marcharte, en este reino no hay cabida para ti.

Dando la bolsa de zafiros y rubíes a Ole Lukoje por la ayuda brindada.

F I N

A Hans Christian Andersen, en homenaje a su nacimiento el 2 de abril de 1805, de la ratona Pepina.

Rene Milla Auger.
Chile.

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