La historia del toro negro

La historia del toro negro

De pronto en pleno vuelo, cuando iba en el avión de la línea Volaris hacia México a visitar a la familia Brubeck, apareció en la parte de atrás del avión un inmenso toro negro, sus ojos me miraban fijamente. Eran ojos de sangre, un sudor muy frío mojó mi frente y comencé a temblar, corrí asustado como un conejo. Sentía sus afilados cachos muy cerca de mi espalda y de pronto comencé a gritar:

–Auxilio, Socorro.

Desperté y me había orinado. Comprendí que había sido una pesadilla.

Me levanté de la cama, tomé agua y me cambié de ropa interior.

Fue entonces cuando le dije a mi yo.

–Tenemos que hablar, esto me está pasando muy frecuentemente. Explícame que es ese toro negro que aparece siempre en mis noches de sueño.

Cómo mi yo estaba molesto conmigo, me ignoró, no me prestó atención.

Fue entonces cuando decidí escribirme una carta. A mí mismo.

“Se que tienes razón, mucho tiempo sin conversar contigo, perdóname, de corazón perdóname.”

En esa hermosa conversación que entablamos, descubrí que mi yo, era muy divertido, le gustaba correr y bañarse bajo la lluvia, bailar con la soledad y viajar. En las noches cuando la luna salía a maquillarse y a pintarse los labios para coquetear a las estrellas, mi yo se montaba en su nave voladora y se iba a visitar a nuestro planeta más lejano de la tierra: Júpiter. Era un planeta muy grande, también viajaba en el tiempo al pasado indagando sobre el origen de la rueda, tres mil años antes de Cristo en la cultura Sumeria. Ruedas primitivas de madera unidas a un eje.

Le dije a mi yo que en América la rueda no se usó antes de la llegada de los europeos excepto en juguetes mexicanos.

Me respondió: –¿Quién me había informado de eso?

Le respondí de inmediato:

–Phillip por ser de México, también poseía un platillo volador más sofisticado. En su último viaje a Venus, Marte y Mercurio había descubierto nuevos yacimientos de creatividad acumulados en gases de alcanos, alquenos y gases raros no conocidos en el mundo.

Mi yo se acercó muy despacio hacia mí, me colocó su mano en mi hombro y me dijo:

–Respóndeme y mírame a mis ojos.

–¿Por qué ahogas tu precioso tiempo sumergido en el mundo de las redes de internet, crees que toda esa basura de información que allí aparece es cierta?

Has observado que entre más información recibes, más te alejas de la sabiduría y de la creatividad. Por eso es que te aparecen esas pesadillas en forma de toros negros, son metáforas que te alejan de la realidad y te confunden y te agotan tu existencia. Ven conmigo a viajar, a bailar con las flores a conversar con los caminos, ve a buscar tu velero y enamórate de la vida y así te encontrarás en redes de amor y de besos y así desaparecerá ese toro negro que le aparece a todos los humanos que andan angustiados por el mundo, donde se han olvidado de nuestro creador, nuestro Dios. Hazlo y verás…

Así comencé a ser intergaláctico, viajando con mi yo, viajando en la vida.

José Argenis Peña Salcedo.
Venezuela.

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