EL MEJOR HOGAR
En un rincón cálido y oscuro, un pequeño ser se encontraba en el lugar más seguro y acogedor del universo. Desde el momento en que empezó a formarse, sentía una conexión profunda y especial con el mundo exterior a través de los latidos del corazón que lo rodeaban.
Era un espacio blando y protector, donde flotaba serenamente en un mar de líquido amniótico. Allí, todo lo que necesitaba le era proporcionado. La suave melodía del corazón de su madre y el murmullo de sus órganos lo acompañaban constantemente, brindándole una sensación de seguridad y amor incondicional.
A medida que crecía, sus sentidos empezaron a despertar. Al principio, solo podía percibir leves vibraciones y sonidos apagados, como el susurro de una voz o la música distante. Sin embargo, con el tiempo, esos sonidos se volvieron más claros. Reconocía la voz de su madre, dulce y cariñosa, contándole historias y cantándole canciones.
“Este es tu hogar, mi pequeño”, decía ella con ternura. “aquí estarás seguro hasta que sea el momento de conocernos cara a cara”.
El pequeño ser, aún sin nombre, sentía el amor y la calidez de esas palabras. Cada día era una nueva aventura de crecimiento y descubrimiento. Sus pequeños brazos y piernas comenzaron a moverse, y aunque aún no podía abrir los ojos, sabía que estaba rodeado de una luz suave que traspasaba la piel de su madre.
Un día, sintió algo diferente. Una vibración más fuerte y rítmica que no provenía de su madre. Era la voz de su padre, quien también le hablaba con amor y expectativa. “Estamos esperando con ansia conocerte, pequeño”, decía. “Ya eres parte de nuestra familia, y te amamos más de lo que puedas imaginar”.
El pequeñín se movía con alegría cada vez que escuchaba esas voces. A pesar de no comprender completamente sus palabras, sentía el amor y la conexión que esas voces le transmitían. Era como si el hogar en el que se encontraba no solo estuviera hecho de tejidos y fluidos, sino también de emociones y sueños.
A medida que las semanas pasaban, el espacio a su alrededor comenzaba a sentirse más ajustado. Sabía que pronto sería el momento de abandonar ese refugio seguro, y enfrentar el mundo exterior. Aunque el pensamiento de dejar el vientre de su madre le daba algo de miedo, las voces que lo llamaban le brindaban una sensación de calma y seguridad.
Finalmente, el día llegó. Sintió las primeras contracciones y el apretón que lo empujaba hacia la luz. El viaje fue largo y difícil, pero nunca estuvo solo. La voz de su madre, llena de fuerza y amor, lo acompañaban en cada paso. “Estamos contigo, pequeño. Eres fuerte y valiente”.
Y entonces, con un último empujón, salió al mundo exterior. Los sonidos y las luces eran abrumadores al principio, pero pronto sintió el calor de los brazos de su madre envolviéndolo.
Abrió los ojos por primera vez y vio los rostros amorosos de sus padres, quienes lo miraban con lágrimas de alegría.
“Bienvenido al mundo”, susurró su madre. “Te amamos más de lo que las palabras puedan expresar. Este es tu nuevo hogar, y siempre estarás seguro con nosotros”.
El pequeño bebé, ahora llamado Ognimod, se acurrucó en el pecho de su madre, sintiendo el familiar latido de su corazón. Sabía que había dejado atrás un hogar perfecto, pero había encontrado uno aún mejor: el amor incondicional de su familia. Y así Ognimod, cerró los ojos, sabiendo que estaba exactamente donde debía estar, rodeado del amor que lo había creado.
Gaudis Mora.
Venezuela.



