Lluvia

LLUVIA.

Partimos hacia la ciudad maderada, sus escaleras cuentan grandes hazañas…

Sus habitantes cálidos y tranquilos, como si la vida no pasara, hombres que suben las escaleras interminables de Tortel.

Al hombro la leña, para abrigarte y echarle a la cocina donde se calienta la pava para tomar el mate…

Cuenta don Segismundo, que cuando habían unas cuantas casitas acá, sí que era cueca mover la leña, diez pasos hacia adelante y veinte hacia atrás, una hora en llegar de la bahía hasta aquí y son solamente dos cuadras, “¡A mí se me ocurrió venir a construir la casa aquí!”, a grandes carcajadas, mientras le tetera humeaba en la cocina avisando que el agua se ponía a hervir…

Mientras la señora María repartía el milcao y una lluvia afuera, que pena…

– Para qué les cuento cómo se mojaban los gorros de lana cuando llegamos a este lugar, así que la señora María se le ocurrió cortar su faldón negro, en forma redonda, del diámetro de un tronco chico, y me dijo que eso se hacía en Escocia y de ahí que ando con esta boinita.

Y cuando llega gente como ustedes, se le recibe con algo diferente.

¿Vieja están listas las papas?…

– Ya están, don Segismundo…

– Pasemos entonces al quincho que tengo acá atrás…

Estábamos sorprendidos. Había varios habitantes de Tortel que tenían una hoguera en el centro y animales puestos afuera de esta…

Este es el famoso asado al palo parado de nuestra región para que el visitante sepa cuál es la hospitalidad patagona, pues…

– ¿Y cómo nació esta tradición?…

– Bueno todo comenzó cuando nos dimos cuenta que el fuego que había debajo del asado, se apagaba, cuando la grasa chorreaba y luego se inflamaba, los asados se quemaban y después de mucho pensarlo, decidimos pararlo y estacarlo. La tradición se corrió por Magallanes y fue un completo éxito, fue transportada por los mismos arrieros que conducían a los rebaños hasta el otro lado de la cordillera, así que ahora nadie sabe dónde comenzó esta historia…

Agréguele un poco de pebre cuchareado y póngale un buen vaso de vino tinto, ¡iñor¡

Entre risas y música conocimos a don Segismundo y su historia, del “Asado al Palo”. Así como este hombre hay muchos en Aysén, conócelos.

René Julio Milla Auger.

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