La inalcanzable felicidad

Pienso en la felicidad

 

Chica en el trigal.

Mientras intento escribir sobre la felicidad, mi mente se ocupa en la infelicidad, una mezcla de victimización y desafíos.

La inalcanzable felicidad.

Mis deseos se treparon en un tren de vapor, son antiguos, como los años cuando empecé a entender que no obtenía todo lo que quería, con mis lágrimas infantiles se lavaron mis querellas y el vaho de mi llanto como un pájaro enjaulado se quedó, cada nueva aspiración desvanecida exhalaba la fútil bocanada, y el pobre pájaro mojaba sus alas en ese aliento que expele el vacío; el misterio, la nada.

Lloró tantas veces por no alcanzar los colores del arco iris, por no beber agua del río, por no volar como el águila, por no sentir el sol sobre la copa del árbol, ni extender sus alas y salpicar rocío. ¡Mi pobre pájaro enjaulado! ¡Mi hambriento ego desmedido! ¡Este Yo sin la razón! Me enoja y a la vez cautiva; ese Tú que en la contienda, de tal manera me enciende el corazón.

Mi anhelo, mi agonía, mi pasión. La querencia arrebatada, un espíritu indomable cree que la vida no acaba en un pacto sin razón, aunque las nubes desahoguen sus pesares y el cielo se estremezca iluminado, clamaré a mi Cristo y en medio de la tormenta lavaré mi ego, fungirá mi juez interno sin reclamos ni alabanzas, solo él y Yo, y en este mar de olas bravas calmará esta aprensión que llevo.

El sereno de la noche refrescaba mi conciencia, cubrí mi espalda con la chalina de mi madre y su leve fragancia penetró en mis recuerdos, esos que forman nuestra historia y tatúan los valores como herencia. Ella, que tanto reza y me pregona a un Dios vivo, creador y portentoso, se adueña sin que Yo haga conciencia de mi querer y mi desvelo, y erige para mí una santa morada sin destierro.

Mientras intento escribir sobre la felicidad, mi mente se ocupa en la infelicidad, una mezcla de victimización y desafíos. El querer ser, tener, y no merecer, luego esa lucha de merecer y no poder tener, entonces mi sentimiento se convierte en río. Al conseguir ese trofeo, la euforia merma, el objetivo cambia y vuelve mi anhelo a desbordarse, este espíritu inquieto no tiene sosiego y lucha con nuevos bríos.

Jueces insanos carcomen mi creencia; si creo, porque creo, si no creo, porque no creo, si bailo, río, lloro, tomo o despilfarro, afirman con displicencia. ¿Qué mal habremos hecho cuando el ego se viste de radiante sabiduría? ¿Qué oprime el pecho al no obtener lo soñado? ¿Cuántas veces ansié empezar de nuevo? Solo pregunto, y las respuestas son fútiles y llagan sin clemencia.

El hombre depredador del mismo hombre, el sello distintivo de una bestia, herrumbre de la herradura cabalgante, peste injertada y vagabunda como espectro fugitivo y traicionero, has herido con cinismo espalda y pecho, has roto la alianza por entero. Argumenta mi madre adolorida.- “Hija, mira este político desvergonzado, ni para medicinas ha dejado dinero”.

Leyendo: Beyond Religion (más allá de la religión) de Su Santidad El Dalai Lama habla de la efímera emoción mental que adquirimos cuando obtenemos algo, cuando ya satisfizo mi gusto o expectativa decrece la sensación de felicidad, y obteniendo más riqueza, aumenta la ansiedad, el estrés, preocupación; factores que alimentan el enojo, el resentimiento.

La felicidad va y viene como las olas del mar, y el mar sigue siendo el mar (esto es mi agregado).Yo sigo siendo Yo, Tú seguirás siendo tú, y aunque el sol aparezca cada día nuestra esencia permanece en espera. El Yo deseo, El Siempre he querido, está sujeto a mi libre albedrío; ¿Qué puedo, qué debo, realmente quiero o es solo una meta que libera?

He soñado que soy feliz, también he visto derrumbarse muros y huellas firmes que las borra el tiempo, este juez implacable cobra con creces el desdén de amar con pasión y esmero cuando se ha acabado el tiempo. La siguiente estación hablará de mis aciertos y mis yerros, amores y desamores, mis escondidas aberraciones y mis intrépidas acciones. ¡Y qué más da si me marchita el viento!

En mi juventud anhelaba un coche nuevo, cuando lo conseguí, mi ego se regocijó por los elogios más que por el buen servicio que obtendría, después de tres meses y ya era un caso común, ya nadie participaba de mi emoción, ya no era motivo para tanta zalamería, lo entendí y conformé; era un buen carro y ningún problema me daría, y la motivación inicial a un lado la dejé.

Afirma El Dalai Lama que las investigaciones generalizan al ser humano como buscadores de la felicidad en tres niveles: Riqueza, Salud y la Amistad. Considero las tres partes en igual escala, aunque la riqueza abarque solo lo necesario para vivir. ¿Por qué nos complicamos la existencia y creamos problemas a raudales? Esto nos roba la riqueza, la salud, y ausenta a los amigos leales.

Digo La Inalcanzable Felicidad porque es solo la sensación de un estado anímico que se desplaza de acuerdo al motor que lo provoca, un concepto psicológico que calma como medicina, es la esperanza de un ser inquieto, es el respiro de un náufrago sosteniéndose en la roca. Un invento como instinto de supervivencia que bate palmas, ondea banderas y regala sonrisas solo en primavera.

Mi madre construyó ese tren de vapor el cual se llevó mis aspiraciones augurándome una despedida: -“No hagas, no digas, no vayas, no pidas, no seas”. Cada una tomó un vagón, las vi partir, y como el águila empollada por la gallina, sólo aprendí a picar gusanos, aunque a veces mi alma debatía herida. Han pasado los años y la calma por tener aquello ha extinguido mi sufrir.

He caminado sin mirar atrás, ansiosa por llegar ¿A dónde vas? Pregunta mamá. No lo sé, persigo la felicidad. -¿Cuál? La que me ayude a respirar sin trabas. Sus argumentos válidos traman sin tregua razonamientos de fondo: -“París no resuelve tu problema, da lo mismo La Joya o Tepehuanes, y si requieres el sosiego, está quieta sin preguntas ni respuestas, mira arriba y calma tus afanes”.

Pregunté a mi amiga Sara, quien es afecta a los poemas de Sor Juana Inés De la Cruz: -¿Crees tú que es válido enojarse por no obtener lo que deseo? Ella me mira y me sonríe: -Solo los muertos no desean. Solo brillan los seres de luz. No te angusties por los extras que no tienes, no envidies el fulgor que es fugaz. Mira, te regalo un fragmento, le estoy escribiendo a la felicidad.

“Si querer lo que quiero no quisiera, por muerta en vida me tendría, y el desdeño a mis querencias por más que lo intente no podría, jugando a la paciencia, le suplico que espere a tener lo que deseo, y tardando lento en obtenerlo reclamo a mi Yo el tanto apego. Rezo por que mi plegaria sea ferviente, toque el cielo y sea escuchada, y si oscuro el cielo se vertiera, con un rayo a mi alma despertara”

-¡Oye Sara! Escogimos el mismo tema. -¿De verdad? Bueno, cada quien tiene sus propios argumentos. ¡Woow Sara! Gracias por regalarme parte de tu escrito. –De nada, sé que te va a gustar, como verás tenemos diferente estilo narrativo. Y seguí escribiendo, de pronto me pregunto: ¿Quién es en realidad prolongadamente feliz? Reviso mi vida, luego lloro por algún motivo.

Cuestioné a los sabios, para ver si sus vidas habían tenido un color diferente, limpié mis lágrimas y sonreí, algunas respuestas asemejadas al común de los mortales, otras sin embargo, inflaman el espíritu y permea la esperanza para este cansado vivir. De mí depende si acepto ser feliz, quiero soltar lo que no necesito, no quiero cargar más las fatigas a cuestas, y así caminar sin fin.

“¿Qué es la felicidad? = Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea. La felicidad es el objetivo último del ser humano, y la riqueza(es decir, la propiedad libre, individual y absoluta). Hemos caído en el mito de que la felicidad es eso que alcanzamos cuando obtenemos todo aquello que creemos necesitar para ser felices; una pareja, una casa, un trabajo, buenas vacaciones, sin embargo ninguna de estas cosas es capaz de crear felicidad por sí misma de forma duradera. La verdadera felicidad No es circunstancial, No tenemos que esperar hasta que todo sea perfecto. Ser feliz comienza por vivir en el Presente” (Margerite Youcenar).

Ser feliz es auto realizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano (eudemonismo= Teoría ética que establece la felicidad como fundamento de la vida moral) postura defendida por Aristóteles. En cierto sentido también Platón puede cuadrar en esta postura, si bien el horizonte de la felicidad, según Platón, se abre a la vida después de la muerte.

“El éxito no es la clave de la felicidad, la felicidad es la clave del éxito” (Albert schweitzer)

“Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego” (Aristóteles).

 

Antonia Rivera Cháidez.

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