CARBÓN DE LEÑA
El tizne del carbón me persiguió por años
esperando en el almud de la casa vacía,
allí, su polvo como niebla teñía las paredes,
se encendía con bríos con el soplar del viento
en esa hora donde despertaba la conciencia.
Mi padre, con el cansancio del tiempo
vendía carbón para paliar la pobreza,
esa que no esperaba a la hora de comer
esa que alimentaba la boca de todos.
Lo vi abatido cuando el dinero escaseaba,
en su mirada perdida, en el dolor de su alma,
en las llagas del cuerpo y sus manos
por la rudeza del campo y el carbón de piedra.
Quizá por eso vendía carbón de leña
para recordar el carbón de la mina,
ese que hacía salir lágrimas de sangre
ese carbón con olor a pan
con olor a sudor, con olor a miseria.
Cada vez que siento el olor a carbón
se hace presente mi viejo,
en el fragor de la brasa incandescente
veo la sangre de cada picotazo en la mina
y en las chispas que vuelan al cielo,
sus ojos me ven como la última vez
que me miraron.
Aquiles Ríos Parra.
Chile.



