El refugio del papel
Escribo porque mi alma requiere un desahogo,
un cauce para aquello que mi voz no alcanza a decir.
Lo que se queda atrapado en el silencio
encuentra su libertad en la tinta y el papel,
o en el latido digital de una pantalla.
Es un acto de fe que se habita a solas,
se escribe en soledad y en soledad se lee.
No me malinterpreten: se puede leer en grupo,
pero para mí es un retiro gustoso,
en silencio, a solas;
o con la música, esa hermana del arte de escribir.
Allí el mundo se detiene
y el único ruido —aparte de la melodía—
es el roce de la pluma,
el carboncillo del lápiz rasgando el papel,
o el rítmico teclado de la PC.
Porque las letras son el arte más puro;
con ellas se levantan sinfín de historias,
se tejen canciones, se dibujan versos
y se crean mundos que antes no existían.
Es el arte escrito que lo expresa todo,
testimonio de lo que fuimos, somos y seremos,
porque al escribir, trazamos nuestro destino.
Y aunque el tiempo pase, la palabra se queda,
porque el papel es noble y lo aguanta todo,
permitiéndonos, al fin, volvernos eternos.
Ina K. Yakimov García.
Venezuela.



