LA SERPIENTE DEL UMBRAL
En honor a Edgar Allan Poe.
En la noche solitaria,
cuando el tiempo se hace inercia,
me inclinaba sobre libros
de saber primordial.
El silencio se extendía
cubriendo el mundo y su porfía,
cuando un roce entre las sombras
quebrantó lo terrenal.
Un roce, un silbido,
un presentimiento abismal
que serpenteaba en la tiniebla.
Su silueta era pregunta,
y sus ojos centelleaban
con fulgor sobrenatural.
Era sabia y era antigua,
la que todo lo mitiga,
la serpiente que revela
lo prohibido y lo fatal.
Y en su lengua se grababa
la sentencia sin igual
—Nunca más.
Recordé el Edén primero,
recordé el destierro eterno,
la caída del humano
y su ansia de verdad.
La serpiente no tentaba,
en silencio confirmaba
que el deseo y el castigo
son un mismo manantial.
Era un eco de lo eterno,
era un juicio universal.
—Nunca más.
“Dime, sombra que me cercas,
¿qué destino aún me resta?
¿Hay camino hacia la gracia,
o retorno al manantial?”
Pregunté, y ella callaba,
solo el aire envenenaba
con el peso de un misterio
imposible de nombrar.
Y sus ojos respondieron,
sin palabras que burlar
—Nunca más.
Desde entonces, en mis sueños,
cada página que leo
se transforma en un reptar
que no logro descifrar.
Mas su voz, como sentencia,
retumba en mi conciencia:
«Lo que buscas en los cielos
no lo hallarás siendo mortal.
Pues la vida y la muerte
son un mismo espiral,
y el humano está condenado
a buscar sin alcanzar.»
Y su sombra en mi memoria
grabada está con un clamor:
—Nunca más.
Gardenia Verchiel.
México.



