SIN CALOR DE HOGAR
En calles grises, sin sonrisas y miradas sumisas,
viven pequeños corazones, sin hogar ni amor.
Niños huérfanos, con ojos tristes y vacíos,
que buscan un refugio, un lugar donde encontrar calor.
Sus manos pequeñas, sin juguetes y hechas trizas,
sosteniendo sólo lágrimas, y un futuro incierto.
Sus voces suaves, sin canciones ni risas,
piden ayuda, un abrazo, un amor por fin descubierto.
Ahí van, caminando, sin padres ni familia;
sin un manto protector, sin un techo que los proteja.
Sus días son largos, sin sonrisas ni juegos,
sólo esperan, con la esperanza de un mañana mejor.
Pero aún en la oscuridad, hay una luz que brilla,
una chispa de esperanza, que late en sus corazones.
Un deseo de vivir, de crecer, de soñar;
de un hogar donde estén llenos de bendiciones.
Y nosotros, ¿Qué podemos hacer?
¿Cómo podemos ayudar a estos pequeños sin hogar?
Podemos ofrecer un abrazo, un oído que escuche,
un corazón que ame, una mano que ayude.
Podemos ser la luz, que ilumine su camino,
El refugio que buscan, el hogar que anhelan.
Podemos ser la esperanza que late en sus corazones,
y ayudarles a encontrar, un mañana mejor.
Pero también debemos recordar,
que la soledad y el abandono, no son sólo de ellos.
Están en nuestras calles, en nuestros barrios,
en nuestras comunidades, en nuestros hogares.
Y debemos preguntarnos,
¿Qué podemos hacer para evitarlo?
¿Cómo podemos ayudar a prevenir,
la soledad y el abandono, que sufren estos pequeños?
La respuesta es simple,
pero requiere de nuestra acción.
Debemos ser la voz,
que clame, para ellos, por justicia y amor.
Debemos ser los brazos,
que los abracen y protejan.
Debemos ser los corazones,
que los amen y los cuiden.
Y así, juntos podemos hacer,
que la soledad y el abandono, sean solo un recuerdo.
Que los niños huérfanos, encuentren un hogar,
donde sean amados y queridos, y puedan crecer y soñar.
Marco Antonio Espinosa López.
México.



