LA LUNA ES UN CADÁVER
Busco, en el fondo de mí, la voz que murmura nuestro secreto envuelto en viento y niebla; en húmedo crepúsculo que, ahora, revienta como destello de miradas fundidas en dobleces de noche y cantos de grillo casi al alba.
Veo un ramillete…
blancas flores de azahar
dentro de un sueño.
Nadan los peces, al ondular empujan una barca de papel, con tu retrato enmarcado en un círculo cenizo y púrpura. Una caracola, casi difuminada, flota junto a una hoja de bambú y a oscuras, balancea su imagen sonrosada, con el silencio de la noche a cuestas.
Sobre la arena,
una concha recoge
la voz de un niño.
Muerde el silencio de invierno…
Un viento invade la melancolía, enmarañando mi barba y los recuerdos, desatando las voces contenidas en un frasco de olvidos, en el fondo de mí, junto a cantos de grillo casi al alba.
Vuela el perfume…
la luna es un cadáver
que mira triste.
Everardo Antonio Torres González.