Creaciones que nutren el alma
Las letras,
la forma en que se pronuncian,
la retórica necesaria,
las metáforas vestidas de ingenio…
El arte de lo etéreo
y su fuerza silenciosa
llenan de fantasías y realidades
cada trazo que nace del alma.
Es el verbo,
retórico y dialéctico,
sin límites,
con la capacidad de emancipar
lo frío y lacónico de la vida,
añadiendo calor
a lo que parecía incompleto.
Endereza imperfecciones,
alimenta almas,
aun sin consentimiento,
y en su dignidad sublime
construye caminos de sentimientos,
aunque deje, en el intento,
pequeños fragmentos del ser
esparcidos en el tiempo.
Porque muchas veces eres tú
quien exterioriza
esa realidad que habita contigo.
La dialéctica de las letras no perdona:
imaginas…
y la realidad te contradice,
creando algo nuevo
al borde del fracaso,
al filo de perecer en el intento.
Pero intentar verbalizar la vida
es, y será siempre,
un acto hermoso,
uno que eleva,
que transita universos desconocidos,
donde solo puede entrar
la imaginación
ausente de tiempo y espacio.
No eres tú…
es un alma viajera
cumpliendo su destino:
complementar la vida.
Con letras que a veces son flores
y otras, espinas,
viviendo en sueños de alto riesgo
donde te descubres
frente a ti mismo.
Hacemos el amor con las palabras,
desafiamos los miedos,
rescatamos la belleza escondida
en cada detalle de la existencia.
Olvidamos el tiempo,
olvidamos la distancia,
convertimos los cuerpos en lienzos
y a la naturaleza
en cómplice de nuestro verbo.
La noche se vuelve día
y el día, noche;
todo lo que respira vida
se transforma en impulso irreverente
de traducirse en letras,
en palabras que hablan solas,
pero siempre con elegancia.
Porque al final…
estas son,
y siempre serán,
las creaciones
que nutren el alma.
Nicolás Sosa.
Venezuela.
