Cuento: Los clips

Viajero

LOS CLIPS.

Fuera reloj y monedas, ahora no tuve necesidad de quitarme el cinturón porque no lo traía, esta panzota que me cargo lo hizo innecesario: las llaves de la casa, el carro y la oficina tampoco las traje, no las usaré en un mes. No puedo portar más cosas metálicas.

Bip, bip, bip…

Suena la alarma, mis ojos se agrandan de sorpresa como en las caricaturas japonesas, no traigo pistola ni navaja. El guardia me obliga a poner los pies sobre las huellas pintadas en el piso, los brazos en cruz y empieza a pasar el detector de metales.

Bip, bip, bip…

Suena al pasar justo frente a mi corazón. Que yo sepa la bomba sanguínea no es de metal, no me considero tan frío y duro, hasta una hormiga me puede enternecer, es más, según la constante afirmación de mi esposa soy poseedor de un corazón de oro. Momento, el oro es un metal. Reviso el contenido de la bolsa de mi camisa, los bolígrafos de plástico tienen punta metálica, el minidirectorio es de plástico magnético y muchos papelitos para anotaciones. ¡Ah sí!, el activador de la alarma fue un clip usado para presionar el boleto de avión en su sobre.

Bip, bip, bip…

Vuelve a sonar, ahora en mi muñeca izquierda, yo creo ha de ser mi pulso alterado, la sangre se calienta cuando lo tratan a uno como si fuera terrorista euzquerra o mujaidin; es la ventaja de no ser talibán. Se me olvidó quitarme el reloj que marcará permanentemente la hora de México, bueno, en realidad no se me olvidó, pues es de plástico y por eso no creí fuera a sonar, pero no recordé la única parte metálica contenida en esta máquina, su terrible fuente de constante energía capaz de hacer detonar un potente explosivo como en las películas de James Bond.

Bip, bip, bip…

Otra vez vuelve a sonar, ya estoy como tomate, no sé si por el coraje o la vergüenza. Ahora abajito de mi cadera, en la bolsa derecha del pantalón, de ese lado no acostumbro poner nada metálico, es en la otra bolsa donde van siempre las llaves y las monedas, en ésta la cartera de cuero con las credenciales, tarjetas de crédito y de presentación. La abro y ¡oh sorpresa! no creí que el clip que presionaba los billetes para mis gastos personales fuera a causar tal escándalo, sólo lo usé para separarlos del dinero de los viáticos.

Bip, bip, bip…

Vuelve a sonar la alarma una y otra vez, cuantos pasan por el arco detector de metales han de volver a ser revisados con el detector manual haciéndolo sonar. Un señor se queda paralizado en el primer paso, se quita el cinturón y los lentes; una señora señala los pasadores de su peinado complicado, según alega, si se los quita se parecerá a la medusa convertida en espantapájaros después de una tolvanera; la niña sonríe para dejar ver los fierros puestos ahí para ver si pueden enderezar sus dientes y otro señor aclara que cuando era joven le pusieron un clavo en el fémur.

Bip, bip, bip…

La alarma no deja de sonar y quién sabe si funcione cuando los aeropiratas secuestren el avión para hacerlos pasar entre las ventanas de los edificios.

Bip, bip, bip…

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