La chica de los girasoles

La chica de los girasoles

Duerme un anhelo en mi escudo de pétalo,
el cual, en un acto desenfrenado,
te dio la destreza de penetrarlo.

No sé qué tienen tus ondas de luz,
que me hipnotizan cada vez que las acaricias.
¿Será tú ardid de colisionar persistente tus cristales amarillos
lo que me motiva a desear tomarlas y decir: aquí estoy?

Soñaba con tu sonrisa,
sincera, tímida, suntuosa.
La niña chipil,
de los cristales amarillos.

¿Me gustas?
Hay tantos colores alrededor interpelándome,
y las palabras son aprisionadas al observarte.

Me gustas.
No con desvarío,
ni atardeceres llenos de canciones
que recitan la simplicidad de un acorde sin lagotería.

¡Me gustas!
¿Hay algún problema en ello?
Será que,
¿tus círculos rojos pintados indican que sí?

No tengo idea de lo que sigue.
Quiero robarle a los girasoles sus pétalos,
en la inocencia de la posibilidad de que digas que sí.

Dime que sí,
alma amarilla.
Di que hay una probabilidad de brillar como el sol.

Karma imprudente que nos mira,
atenuando un futuro incierto
te desprecio por mi situación
y por el momento te contemplo, belleza.

Sonríe de nuevo,
Chica de los girasoles.

Gabriel Eduardo Ávalos Vales.

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