Escribir de lo que se sabe: ¿Edadismo?

ESCRIBIR DE LO QUE SE SABE: ¿EDADISMO?

Estoy trabajando en la presentación de mi nueva obra, BLANCA Y GRIS, La cruda realidad en la escuela, que tendrá lugar en breve, en la Biblioteca Rafael Alberti, de la mano de la AEFEP y mi editorial Bohodón Ediciones. Y comentando esta labor, ayer con unos compañeros, me dicen que todas mis obras, en mayor o menor medida, tienen un toque escolar. ¡Pues claro! —mi respuesta fue inmediata—, porque es el ambiente que conozco, toda mi vida en las aulas, primero como alumna desde los cuatro años, y después como profesora.

Y es que creo, con toda firmeza, que el escritor debe escribir sobre aquello que conoce, sobre lo que mejor domina, porque es la manera de darle verosimilitud a la obra. Me gusta decir, y lo hago a menudo, que la literatura consiste en contar verdades hilvanando mentiras.

Ahora bien, el relato ha de ser creíble y para eso, el autor, que siempre deja jirones propios en sus textos, tiene que estar empapado de aquello que cuenta, de lo que describe; debe saber mucho más del tema de lo que refleja con palabras porque eso se nota. Y eso se consigue a fuerza de vivir. A “Ecos de aula” le basta con el título, a “Bárbara” la delata la portada. Elena Lucide, protagonista de “Un álamo en otoño” es profesora universitaria; Loreto, heroína de “En el tiempo manso” se pasa media vida luchando para conseguir su título de maestra y su triunfo es conseguir ejercer tras todas sus vicisitudes; incluso Arturo, “Un hombre normal”, también es profesor de Física en un colegio aunque esa contingencia soporta un peso tangencial en la trama. Y ahora llegan, sobrevolando patios de recreos y asomándose a las aulas “Blanca y Gris”, más implicadas que nunca en la problemática educativa.

Me llaman mucho la atención los jovenzuelos presuntuosos que en su segunda o tercera década, se atreven a pontificar sobre la experiencia vital. Quizá dominen hasta cierto punto el lenguaje, tal vez en el ámbito pasional compongan una poesía aceptable o, si tienen formación científica, consigan un relato de ciencia ficción meritorio. Pero sin la experiencia que dan los años, hay tramas que, a la fuerza, se les quedan cojos. No se tiene perspectiva de la vida sin haber vivido, igual que no se conocen los entresijos de la escuela si no has sufrido y gozado en sus entrañas.

Pero a la vista de esta realidad, me llama mucho más la atención la actitud de algunas editoriales, también jurados de certámenes literarios, que pecan aplicando el “edadismo” de manera brutal e injustificada. Tanto que ha sido necesario rescatar este término y ponerlo de moda. No digamos de algunos comentarios que se oyen en los patios escolares o se leen en los grupos de whatsapp de papás y mamás, atacando a grandísimos y probados profesionales de la enseñanza, verdaderos Maestros, con mayúscula, porque peinan canas o no se preocupan de disimular las arrugas… no les queda tiempo para su imagen porque lo dedican por entero a la educación de niños y chavales que la necesitan siempre, cada día más, y mucho más, cuando no la reciben en su familia.

A aquellos que no lo supieran, o lo que es peor, a aquellos que aún teniendo idea del asunto incurren en el pecado edadista, a saber por qué intereses o causas espurias, me voy a permitir ilustrarlos con algunos ejemplos, quizá alguno de los nombres siguientes les suenen:

Don Miguel de Cervantes publicó la primera parte de El Quijote a los 58 años y la segunda a los 68 cumplidos. Don Miguel Delibes publicó su última obra, El hereje, pasados sus 78 octubres. Aurora Venturini, escritora argentina, mereció el premio Nueva Novela a sus 85 primaveras cumplidas, Goethe dio por acabado su Fausto a los 83, José Saramago empezó a ser reconocido como literato valioso al final de su madurez y reverenciado, ya para siempre en su senectud. Alberto Méndez nos regaló “Los girasoles ciegos” tras su 66º cumpleaños. ¿Sigo? Frank McCourt, Daniel Defoe, Laura Ingalls… Tanta enumeración cansa, ¿verdad? Al lector, al oyente y a mí.

“Eran otros tiempos” es una excusa que se oye a modo de justificación de este enorme y perjudicial error. ¿Es que vamos a peor? ¿Estamos permitiendo, cuando no propiciando, la degeneración de nuestra cultura, y por tanto de nuestra sociedad, con el tiempo? ¿Habrá que sopesar calidad frente a expectativas económicas? ¡Ay, qué peligro! Que ya don Francisco de Quevedo andaba con la copla aquella de un Poderoso Caballero… No sé con qué edad, pero ahíto de razón.

Eva Barro
España.

You may also like this

21 mayo 2026

Escribir poesía

<!-- wp:heading --> <h2 class="wp-block-heading">ESCRIBIR POESÍA.</h2> <!-- /wp:heading --> <!-- wp:paragraph -

admin
24 abril 2026

La incomodidad que siembran las palabras

<!-- wp:heading --> <h2 class="wp-block-heading">La incomodidad que siembran las palabras</h2> <!-- /wp:heading -->

admin
03 agosto 2021

La herencia del romanticismo

<!-- wp:heading --> <h2>LA HERENCIA DEL ROMANTICISMO.</h2> <!-- /wp:heading --> <!-- wp:paragraph {"align":"

admin

Leave Comment