Carta de mi madre

Carta de mi Madre.

Barquisimento, Mayo, 2004.

Hola, hijo. ¿Cómo has estado? Déjame organizar las ideas, porque esto de escribirte para pedirte algo siempre ennublece (hijo, ¿se dice así? ¡Tú eres profesor de letras! Debes saber. Jajajja.), quiero decir que opaca, como lo hace las nubes al día, mis pensamientos y me enredo, y me ruborizo.

Bueno, hijo. Mira, el regalo más preciado para una madre es tener el amor de sus hijos, y yo soy una mamá “corriente”, hijo, igual a las demás, nada de especial. Aunque sé que ya lo has dicho por allí. ¿Cuándo me lo vas a decir a mí y no a tus amigos, tus amistades?

¿Vas a venir hoy, hijo? Ese es mi pedido. Hoy es el Día de las madres y toda madre espera la visita de sus hijos, y yo, hijo, estoy esperando la tuya. Me he asomado a la ventana muchas veces para “sentir” la alegría de verte acercándote a la distancia, con ese caminar tuyo que tanto se parece al mío, y me he retirado triste al constatar que no eres tú quien se acerca; es otro joven que va presuroso al encuentro de su madre: Lo sé, o lo adivino porque le vi unas rosas en la mano, y como hoy es el Día de las Madres…

A mí, hijo, no tienes que traerme nada, nada de regalos o de ramos de rosas “falsos”; me alegraría y me conformaría con una de tus sonrisas y dos de tus abrazos, esos que me reconfortan y me hacen tanta falta.

Sé, hijo, que es destino inexorable de las madres, que los hijos tengan, un día que partir, irse a formar nuevas familias. Eso lo sé, hijo. ¡Pero cómo nos cuesta a las madres aceptarlo! Y es solo irse, no es olvidarnos.

¡Me gustaría pasar el día entero contigo, como lo hicimos ya hace 9 años! ¿te acuerdas! No me trajiste nada, ni un regalo, ni una rosa, pero viniste tú y eso me elevó al cielo. ¿Vas a venir, hijo?

¿Vas a venir? Yo sé que a veces es el football que te retrasa. O quizá es la lluvia la que te detiene. ¡Apúrate, hijo, que ya empiezan a caer unas gotitas de agua que amenazan con tormenta, y no quiero que una tormenta te aleje de mí!

¿Vas a venir, hijo querido?

P.D. No le cuentes a tus amigos o a la gente que he llorado tu ausencia, y he llorado pidiéndote que vengas. Otra cosa, hablé con Tere y su hijo viene a visitarla. Ven, hijo, así aprovechas de hablar con tu amigo de infancia.

Tu mamá.

Oswaldo Adelis Abarca Montilla.

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