Tío Tigre, Tío Conejo y el panal de abejas.

Tío Tigre, Tío Conejo y el panal de abejas.

Una mañana, Tío Tigre y Tío Conejo se encontraban conversando acerca de la crisis del ambiente, producto del calentamiento global o cambio climático y las consecuencias para su supervivencia, cuando de pronto, se escuchó un grito ensordecedor proveniente del pequeño poblado ubicado en el profundo del valle encantado:

—¡Viene el zorro, cuidado!

Todos los animales de aquel inigualable lugar, iniciaron la estampida hasta ocultarse en lo profundo del bosque cordillerano.

—Vamos, Tío Conejo, veamos qué es lo que pasa —intervino Tío Tigre interrumpiendo el ameno diálogo.

—Si quieren seguir vivos tendrán que superar la siguiente prueba —expresó el fiero animal mientras dejaba ver sus afilados colmillos.

El astuto animal había puesto la corona del rey en la punta de la montaña; lo que no les advirtió fue que estaba justo arriba del panal de abejas más peligroso del planeta, pues la picada de aquellos insectos era mortal.

Tío Tigre y Tío Conejo —curiosos como siempre y pendientes uno del otro para sacarse ventaja—, al observar el silencio de sus semejantes se miraron, y, abriéndose paso de entre los presentes, se acercaron al zorro, quien de reojo los miró con desconfianza.

—Aceptamos el reto —intervino el astuto animal.

De a poco aunque con timidez y hasta miedo uno a uno iban confirmando su participación en el evento.

—¿Alguien más desea participar? —preguntó por última vez. Y ante el silencio, el fiero animal se acercó a los competidores para dar la orden de salida.

—Tienen hasta que el sol cierre sus parpados para descansar.

—¿Qué significa eso? —preguntó, Tío Tigre.

—Que más va a ser: antes de que se oculte el sol —respondió, Tío Conejo.

Tío Conejo enrolló cuidadosamente el papel lo guardó en una pequeña bolsa y lo introdujo en su boca.

Tío Tigre hizo lo propio, pero lo llevaba sujeto a sus afilados dientes.

Situación que observó con curiosidad su más acérrimo contrincante.

El zorro tomó su lugar y con pistola en mano inició la cuenta de uno, dos y…

La partida fue numerosa, los choques y caídas se multiplicaban; muchos perdían la hoja de ruta que habían recibido.

No fallaron los curiosos que, en bandadas, observaban como la faena se les ponía cuesta arriba a la mayoría de los participantes que iban quedando rezagados en la medida que la pendiente era más exigente.

Tras una hora de estar escalando, por fin llegaron a la cima.

Se pusieron de acuerdo, jugando piedra papel o tijera para ver a quién le correspondía lo más difícil.

—¡Ahí viene el zorro! —gritó Tío Conejo para distraer a Tío Tigre y ganarle la partida—; te toca ir por el panal —dijo—, mientras él saltaba sobre la corona.

Tío Tigre corrió con el panal para enterrarlo, pero, ¡oh sorpresa! las abejas eran inmunes a la tierra, y una a una iban clavando su rabia en el cuero rayado del animal que no dejaba de aullar ante el insoportable dolor.

Tío Conejo celebraba, mientras Tío Tigre moría lentamente a causa de las picadas con su mortífero aguijón.

El zorro se apareció de nuevo, observó con gracia el resultado.

—¡Felicitaciones!, ahora entrégame la corona. ¡Lamento lo de su amigo! —expreso con ironía.

—¡No es mi amigo!

—No, pero sin él no hubieses llegado a…

Tío Conejo se quedó pensativo.

—Sólo hay una forma de salvarlo: el antídoto. —Hizo una pausa— Ya sé lo que vas a preguntar. Entrégame la corona y te lo daré. Será un cambio pelo a pelo.

Tío Conejo observaba el saco que tenía en su mano una vez más con honda tristeza.

—Está bien, toma —dijo el pequeño animal y le entregaba a la vez que tomaba el antídoto e inicia su veloz carrera, no sin antes agregar:

—¡Te la daré cuando Tío Tigre esté bien!

Ante tales palabras y, pensando lo peor, el zorro abrió lentamente la boca del saco y se llevó una desagradable sorpresa: en su interior se hallaba una serpiente que al caer al suelo generó risas entre los presentes. El zorro furioso gritó:

—Me las vas a apagar…

Y así, Tío Conejo engañó a su adversario para salvar a su amigo, y juntos regresaron a casa, reconociendo que la mejor corona es la amistad que hay ente ellos.

Tulio Aníbal Rojas.
Venezuela.

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