La situación arenosa de Pilarcito
Pilarcito, un hombre de corazón noble y espíritu servicial, siempre había sido conocido por su disposición a ayudar a los demás. No había tarea demasiado grande ni favor demasiado pequeño para él. En la Venezuela de la escasez, bajo el régimen socialista, esta cualidad se ponía a prueba constantemente.
Un día, Pilarcito se encontró con un problema común en esos tiempos: la falta de gasolina. Su fiel moto marca Felino, su compañera en tantas aventuras y de ayuda al prójimo, apenas tenía combustible. Después de realizar sus diligencias, decidió aprovechar el viaje de regreso a casa para recoger dos sacos con arena que necesitaba. Con la esperanza de que el poco combustible restante fuera suficiente, se dirigió a una bloquera.
Al salir de allí, a solo un kilómetro de distancia, la moto se detuvo, víctima de la falta de gasolina. Pilarcito se vio atrapado bajo el sol abrasador, con una moto cargada de arena que amenazaba con caerse si la dejaba sola. Intentó pedir ayuda a los motorizados que pasaban, pero la mayoría lo ignoraba o se excusaba. Uno de ellos, un mototaxista, se detuvo, pero se negó a buscar un recipiente para venderle gasolina, exigiendo que Pilarcito se lo proporcionara, algo imposible en su situación.
Después de dos horas de espera, un integrante del cuerpo de bomberos conocido pasó por el lugar. Pilarcito le pidió ayuda, pero el bombero, aunque dispuesto a venderle gasolina, exigió el pago en dólares físicos y no por pago móvil, complicando aún más la situación.
Finalmente, un joven se detuvo y accedió a empujar la moto hasta un estacionamiento cercano. Allí, un conocido le prestó un litro de gasolina, permitiéndole regresar a casa. Pero la odisea de Pilarcito no había terminado.
Al llegar a su casa, pensó que algún vecino u otra persona podía pasar para pedirle ayuda y no fue así, intentó descargar los sacos con arena él solo, pero el peso era demasiado. La moto, junto con la arena, cayó al suelo, un símbolo de la soledad que a menudo enfrentan aquellos que siempre están dispuestos a ayudar. Pilarcito en ese momento recordó las palabras de su madre, quien decía que alguien como Pilarcito era único e irrepetible, tanto en la familia como en la vida.
Moraleja: La historia de Pilarcito es un recordatorio de que, a menudo, las personas más altruistas son las que más necesitan ayuda, pero menos la reciben. En un mundo donde la solidaridad escasea, aquellos que dan sin esperar nada a cambio a menudo se encuentran solos cuando más lo necesitan.
William García Molina.
Venezuela.



