San Nicolás y el Genio de la Navidad

San Nicolás y el Genio de la Navidad

Mientras realizaba su acostumbrada tarea: consultar la agenda de viaje y finiquitar los últimos detalles, San Nicolás quedó sorprendido al notar que extrañamente uno de los sacos dedicado a la correspondencia no se encontraba en su lugar; al tomarlo, un sobre se desprendió del mismo y fue a dar a sus pies; observó su remitente y de inmediato se dirigió a su asistente.

—Mira esto —le dijo mientras le mostraba la cubierta cuidadosamente elaborada.

—Disculpe, Señor, no volverá a pasar. Debí haberle informado, pero…seguramente pensé que estaba vacío, quizás fue la única que logró salvar las restricciones que pesan sobre aquel país —intervino apenado el duende mágico, ya anciano y de pequeño tamaño como la mayoría de sus colaboradores, que llevaba gorro y botas de diferente color.

—¿Qué país? ¿Cómo llegó? —preguntó, el hombre de tercera edad y pequeñas gafas sobre su prolongada nariz.

—Pasó a través de un carguero chino-ruso aprovechando la estación científica internacional que funciona no muy lejos de nuestra base, y que ahora cuenta con un invitado especial de esa nación, gracias a los adelantos que en materia tecnológica han experimentado estos últimos años —explicó en detalles, Bendegums, quien, según cuenta la leyenda es el ayudante más fiel de San Nicolás en el Polo Norte, lugar en el que viven y donde preparan, junto a él y su amada esposa, los regalos que deben
entregar por todo el mundo en Navidad.

—Fantástico, pero…

—Tal vez era la única manera de hacerla llegar, Señor. De esa región se habla insistentemente porque a juzgar por muchos ha logrado cosas extraordinarias —expresó el diminuto hombre de la mitología navideña de occidente, cuyas facciones parecían haberse quedo a medio hacer, mientras se dirigía a otro lado del espacioso lugar para mostrarle en pantalla un enorme mapa que dejaba al descubierto distintos colores en la medida que se buscaba el nombre de nación alguna.

Según la tradición Bendegums realiza su aparición en Nochebuena por el brillo de la Estrella de Belén. Es en ese momento cuando esta pequeña criatura deslumbra en el cielo con luces de todos los colores, siendo esta su forma de anunciar que San Nicolás está a punto de llegar.

—¿Pero cómo se yo cuál es el país? —insistió, el reconocido hombre.

—Tiene razón, en el mapa no todos los países se muestran, Señor, lo siento. Todavía no hemos culminado el software que le permitirá ubicarlos con su propia voz. Élon se comunicó con nosotros y los adelantos económicos fueron hechos tal como usted lo indicó, de manera que pron…

—Pero debe haber algo —interrumpió—, que sé yo, alguna forma de saber cómo llegar hasta él.

El pequeño ser se detuvo un momento para analizar la inquietud del hombre cuya barba competía con el color puro y reluciente de la nieve.

—Generalmente, Señor, cuando no lo ubicamos directamente, buscamos a partir cosas fuera de lo común que hagan para saber de su existencia.

Esto hizo reaccionar a San Nicolás, quien miró un instante hacia lo profundo del cielo que se divisaba desde el amplio ventanal como buscando luz para aclarar el turbio momento.

—Mi tiempo se acaba, tengo muchas solicitudes —Hizo una breve pausa—, qué tal si pruebas con: el país de la nutrichicha, como aparece en el remi…

—Jajajaja…con todo respeto, Señor, por qué no lo dijo antes, seguramente esa es la clave. —Introdujo las palabras mágicas con sólo colocar su dedo índice sobre la pantalla que de inmediato transmitió la información procedente de su cerebro a través de neuronas nanoconductoras. De inmediato, el buscador comenzó su fantástica labor y diminutos luceros se encendieron en distintas partes, lo cual significaba que era correcta, hasta que un singular punto rojizo que destacaba entre el amarillo, azul y
blanco se detectó en el horizonte.

San Nicolás sonrió, y, como su compañero, se impresionó al ver no splo su singular tamaño sino que se mostrara de tal manera.

—Dame las coordenadas —intervino emocionado, el Embajador de la Navidad.

—Se encuentra en la latitud 6.42375 y longitud -66.58973. Hace parte del continente de América del Sur y está ubicado en el hemisferio norte.

—¡Gracias! —dijo el hombre cuyo rostro ahora irradiaba tranquilidad—. La Tierra de Gracia o llamada también…

—¡Hermoso nombre, Señor! —expresó, Bendegums.

—Sin duda y único —agregó San Nicolás.

—Señor, San Nicolás, temo que hay un detalle —intervino su asistente señalando la nota ubicada al margen del mapa.

—¿Cuál? —preguntó el hombre de blanca piel, casi rojiza.

—Según los informes tiene más de cinco años que no lo visita. Lo sacamos de su ruta por las san…

—Entonces, ¿quién ha realizado el trabajo? —intervino sorprendido.

—¡El Niño Jesús! —respondió sonriendo, Bendegums.

—Eso es extraordinario… Jo, jo, jo, jo..! No podía ser mejor, aunque ha debido ser una ardua labor para una sola persona.

—No tanto, ese niño es prodigioso y además cuenta con unos amigos que le ayudan.

En ese momento, para sorpresa de ambos, se activó la alarma y duendes simulando el mítico arcoíris comenzaron a moverse en distintas direcciones, dando y recibiendo órdenes.

—¡Pronto, Señor, la video conferencia; recuerda que está invitado como siempre! —Le recordó mientras recorrían en un pequeño trineo mágico el amplio pasillo que se iba transformando frente a sus ojos.

—Claro, claro, lo olvidaba. ¡Gracias fiel amigo por estar pendiente!

—Este año será más concurrida, se espera que asistan de manera virtual todos los Embajadores de la Navidad.

—¡Oh, Alá, Oh Alá! ¡Jo,jo,jo,jo…!

—Es nueva, la hemos llamado Epstein, Señor; el tiempo aquí es relativo; el lugar, también —refirió, Bendegums, ante lo que parecía el rostro de asombro de su acompañante.

—¡Interesante, maravilloso! Es la mejor demostración de que la Navidad, los regalos, la magia… existe gracias a ustedes.

Bendegums y quienes lo escuchaban no pudieron ocultar su emoción.

La pantalla gigante hecha con tecnología de punta mostraba a Jesús claramente posesionado del lugar principal; a su alrededor ventanas con imágenes de los distintos personajes comenzaron a inundar la extraordinaria sala.

—Jo, jo, jo, ,jo..! —celebró el legendario caballero; su mente comenzó a desvariar en la medida que una a una las figuras, creadas por el folclore y la tradición de diferentes culturas con un protagonismo único en Navidad, iban apareciendo frente a sus ojos. Ya sabía que muchos representaban una némesis de sí mismo, pero los respetaba por igual.

Jesús se disculpó de no haberla realizado desde su país, Palestina, pero no estaban garantizadas las condiciones de seguridad para él y su equipo de trabajo —aclaró—. Silenciado durante siglos, recordaba cómo había sido compartir con cada uno de ellos desde que se inició la costumbre o tradición de recibir obsequios cuando niño y su gratitud al otorgar otros tantos en su nombre; pero que, ante el surgimiento de San Nicolás, el movimiento luterano impulsó con fervor católico, representándolo como un joven de muy corta edad o incluso como un bebé, santo y en ocasiones con alas de ángel.

—Es navidad —continuó— fecha en la cual los sentimientos parecen florecer con la llegada de una nueva celebración o la nostalgia de no tener qué conmemorar; los recuerdos, el dolor y la alegría se mezclan con sentimientos de abandono, soledad y hasta tristeza, de tal modo que los días son más difíciles de sobrellevar. —Hizo una breve pausa—. Para muchos una pesadilla que no pasa hasta que enero vuelve a poner las cosas en su lugar y el consuelo de haber superado la dura prueba una vez más tranquiliza. La tarea de este año es inusual, generalmente atendemos pedidos de los niños, pero poco nos hemos ocupado de los adultos para los que según creo pasa desapercibido muchas veces gracias a la escasa fortuna cuando niños, quizás.

Culminada la reflexión, el Maestro agradeció una vez más haber aceptado su invitación y dio paso a la presentación e intervención de los asistentes.

Pere Fouettard (Olentzero), Padre Látigo, el carbonero, el “Papá Noel” de Euskal Herria o país vasco y Navarra, Guipúzcoa, Álava y Vizcaya.; Los Reyes Magos, sus Majestades de Oriente; Tió de Nadal: el tronco de navidad, en Cataluña, Aragón y Andorra; El Apalpador o también conocido como Pandigueiro o Apalpa Barrigas; La Befana: redención y regalos en Italia; Babushka y la hospitalidad más oportuna; Dez Moroz: el Papá Noel ruso y Snegurochka, la Doncella de la Nieve; los muchachos Yule;

El mágico encuentro, como siempre ameno, se realizaba de acuerdo a lo previsto. El galileo hacía énfasis en las normas y agregaba las sugerencias que se dieran durante la acostumbrada reunión que ocurría cada década con el inicio de la Navidad.

…Zwarte Piet, también llamado Pedro el Negro; Frau Perchta y sus monedas de plata; Krampus: la némesis de San Nicolás; Belsnickel, famoso en los países europeos de Alemania y Austria, aunque forma parte del folclore también en la región norteamericana (Pennsylvania) y en países de Sudamérica (Argentina); Pere Fouettard (El Padre Fouettard): el otro Papá Noel de países como Bélgica, Francia o Luxemburgo.

Los Duendes Tomte, Jack Frost, El Grinch, Ebenezer Scrooge, Jack Skellington o el Hombre de Jengibre, no pudieron asistir por compromisos artísticos de última hora; sin embargo, videos con saludos se dejaron observar entre los asistentes.

San Nicolás no podía evitar pensar y recordar: con todos alguna vez se había topado, pero inolvidable era aquella figura de Zwarte Piet (Pedro El Negro), caracterizada por su ropa de estilo renacentista, su sombrero con plumas y sus labios pintados de rojo, un personaje muy llamativo, que en un primer momento estaba considerado como un demonio que perseguía a los más pequeños, a quien derrotó, lo que supuso un cambio en su mentalidad y que se dedicara finalmente a prestar ayuda a su adversario.

Jesús, por momentos, parecía distraído; su mente se dividía entre ruidos de aviones, bombardeos y gritos de auxilio en su devastado país. Envuelto en su pensamiento necesario, casi genera un caos en la jornada cuando hubo una intentona femenina para exigir sus derechos.

La Befana, resaltó la falta de equidad e igualdad de género entre los Embajadores de la Navidad, solicitud a la que se sumó Babushka y Snegurochka, la Doncella de la Nieve, argumentando que era necesario seguir ampliando la participación femenina.

Jesús intervino para poner orden, reflexionó a título personal y se preguntó cuánta responsabilidad tendrían los dioses creadores en todo esto; recordó de inmediato a La Befana, personaje navideño que visita cada madrugada del 6 de enero a los niños italianos para repartir dulces y regalos de Navidad (pero también carbón), ocultándolos en los calcetines que dejan los bambini colgados en diferentes partes de la casa, utilizando una escoba como medio de transporte, la necesidad de mantener el orden y respetar el derecho de palabra.

San Nicolás conocía la leyenda de la Befana, su origen y relación con la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús, quienes en un determinado momento del largo camino, necesitaron la ayuda de una anciana a la que preguntaron la localización exacta del pesebre. Ella les ayudó pero decidió no acompañarlos. Más tarde se arrepintió y tras preparar una cesta de dulces, buscó a Sus Majestades. Pero ya no pudo encontrarlos. A modo de redención, Befana decidió repartir los dulces a todos los niños que encontrara, con la ilusión de que uno de ellos fuera Jesús.

Babushka, considerada ejemplo histórico de la hospitalidad más oportuna de la gran madre rusa, encargada de repartir los regalos a los niños rusos la noche de Reyes, desde aquella noche en la que Sus Majestades visitaron al Niño Jesús, no antes sin pasar por la casa más limpia de Rusia, de la que era su propietaria y hospedarse allí, expresó: la sociedad es profundamente machista.

“Todavía no hemos aprendido y menos internalizado el mensaje de amor al prójimo como a sí mismo” —pensó el milagroso hombre, resignado a seguir escuchando los mismos problemas de siempre.

Tió de Nadal, el famoso tronco con una sonrisa de felicidad que aporta el calor y la luz necesaria a todas las familias los meses que dura el invierno, expresó su enorme preocupación por el asesinato de niños en todo el mundo. Y no era para menos, observaba cada vez menos niños desde el inicio del Adviento (tradición de origen rural y cristiano), cuando se le ofrece comida cada noche y se le tapa con una manta, como si de una persona con hambre y frío se tratara, hasta el día de Nochebuena que los niños le golpean mientras cantan para que defeque dulces y regalos tras la manta.

El Apalpador, enigmático personaje, también conocido como Pandigueiro o Apalpa Barrigas, rechazó el sometimiento a trabajos forzados, la explotación sexual y el abandono de los infantes. La declaración del carbonero mitológico gigante y con barba pelirroja que en las noches del 24 y 31 de diciembre (la noche de palpar), baja de las montañas entregando castañas y regalos a tocar las barrigas de los más pequeños para saber si han comido como es debido durante el año, dejaba al descubierto la avaricia que carcome unos a otros en detrimento de las mayorías.

San Nicolás sabía que una de las tantas virtudes presentes en Jesús era su excelente preparación gracias a los monjes hindúes y chinos, que destacaba por encima de cualquier mortal su extraordinaria capacidad de escucha; permanecía en absoluto silencio mientras sus compañeros intervenían, tomaba nota en su papiro digital y de allí lo enviaba a su asistente, la hermosa María Magdalena, quien lo destacaba a través de las redes sociales.

Dez Moroz o el “abuelo helado”, proveniente de la Europa Oriental (Rusia), no se quejó, acusó o señaló, pero propuso incluir para el venidero encuentro mayor participación de Asia y Oceanía; ratificó su deseo de seguir llevando los regalos en Navidad a todas las familias que habitan en estas naciones que anteriormente formaron parte de la Unión Soviética en su particular vehículo, una “troika”, con la forma de un caballo. Una tarea que realiza con la ayuda de su nieta Snegurochka, la doncella de la nieve. Prometió, además dejar atrás la figura del hechicero malvado para hacer felices a los más pequeños el día de Año Nuevo.

Jesús sabía que su cultura era diametralmente opuesta a la de occidente, pero seguramente la aldea global habría hecho posible la aparición de algún personaje que oculto realiza el trabajo navideño que bien valdría la pena invitar a la venidera sesión.

Los muchachos Yule Lads expresaron la necesidad de hacer un llamado a la juventud para que no rompan la magia contando a los niños quien trae los regalos y los caramelos en Navidad. Desde que aparecieron por primera vez en la década de los años 30 del siglo XX, cuando figuraron en un poema que describía el rol y la personalidad de cada uno de estos singulares protagonistas, traen los regalos que colocan en los zapatos que dejan en el salón los niños islandeses, 13 días antes del 24 de diciembre. Estos alegres y traviesos ancianos se trasladan —como todos los embajadores— desde las montañas en las que habitan el resto del año a los hogares de todas las familias con la intención, eso sí, de generar ocurrencias con las que divertirse a costa de los que esperan su llegada. Si el comportamiento de los pequeños no ha sido el adecuado durante el resto del año, no dejarán dulces ni presentes, sino que “compensarán” la problemática actitud de los jóvenes rellenando los zapatos con patatas podridas.

Zwarte Piet, también llamado Pedro El Negro, personaje que destaca sobre todo en los Países Bajos, en la que San Nicolás y sus duendes reparten por las calles del país regalos a todos los niños, expresó con pesar la calamidad de los migrantes y la poca aceptación de las naciones responsables de su diáspora. Todos los años Pedro desembarca en las costas holandesas tras un largo viaje desde España en el barco de vapor Sinterklaas. De hecho, para los niños era una clara amenaza la posibilidad de que Zwarte Piet los secuestrara y los llevara en su saco a la península ibérica, hasta que el hombre de las nieves le hizo cambiar de opinión y dejó de aterrorizar a los niños.

Frau Perchta (la versión alemana y austríaca de la Befana) recordó lo importante que es mantener el encanto en los niños para que florezca en la adultez y la magia o acabe nunca.

“Tiene razón: sin magia no hay sueño posible” —pensó, Bendegums— y más orgulloso se sintió de su servicio en favor de los niños.

Krampus, un personaje que predomina en los países alpinos, que realiza su aparición por calles de todo el mundo, arrastrando cadenas oxidadas para hacer notar su terrorífica presencia de íncubo, manifestó —haciendo énfasis en sus palabras— la urgente necesidad de hacer convenios con los gobiernos para que ningún niño se quede sin regalo.

Todos aplaudieron la idea, no sólo era buena sino necesaria para crear conciencia del derecho que tiene todo niño de recibir un regalo en Navidad.

En la costumbre austríaca, Krampus, en lugar de los dulces porta monedas de plata que regala a los niños que mejor se hayan portado, la madrugada del 5 al 6 de diciembre. Su aspecto es de hecho, parecido al de un fauno, con cuernos en la cabeza, abundante pelaje, garras y patas de cabra, que castiga en Navidad a aquellos niños que no se han portado como es debido durante el año. Según la leyenda, los secuestra para llevarlos consigo en un saco con destino a lo más profundo del infierno, donde serán devorados por el mismo ser diabólico. Esa noche es costumbre en zonas de Austria disfrazarse de Krampus y asustar a todos los niños.

De inmediato, Jesús propuso suprimir esa tradición porque va en contra de la buena psiquis que debe prevalecer en el niño.

Todos la apoyaron por unanimidad. Krampus frunció el cejo en señal de descontento; aseguró que en lo sucesivo eso no ocurrirá.

Belsnickel, un hombre de montaña que ejerce como ayudante de Papá Noel a la hora de poner en orden su comitiva, al mismo tiempo que también reparte regalos y dulces. Eso sí, no suele ser bien recibido entre los más pequeños, puesto que tiene la costumbre de amenazarles para que se porten como es debido; hizo un llamado a los padres: hay que educar mejor a los niños para que sean más los que reciban regalos en Navidad.

Jesús le recordó a Belsnickel cumplir con la misma solicitud formulada a Krampus.

El mago sonrió con malicia, pero dejó claro que acataría la orden por ser un acuerdo de todos.

Pere Fouettard (el Padre Fouettard), un hombre de buen comer, con barba larga y cara sombría, ropajes algo mugrientos y manchado de carbón, con hábitat en el bosque, alejado de la sociedad, quien emplea su tiempo en crear carbón vegetal hasta que llega el invierno y baja a los pueblos el día de Nochebuena con presentes para todas las familias, expresó: es necesario también producir no sólo regalos materiales sino espirituales para que el adulto sea menos consumista y más humano entre sus hermanos.

Los aplausos retumbaron en la sala, los emoji no se hicieron esperar en la pantalla de mensajes de quienes se encontraban conectados a lo largo y ancho del planeta azul y manifestaban su opinión acerca del singular encuentro.

El Padre Fouettard siempre con su cabeza cubierta con capucha y, según el país, provisto de látigo, cencerros o cadenas, con las que hace resonar el suelo allá donde vaya en lugar de llevar los regalos a los niños, centra sus tareas en azotar a aquellos que sean desobedientes, mientras San Nicolás realiza por otro lado sus funciones habituales la misma noche.

Jesús intervino con beneplácito:

—Tienes razón, pero antes, Padre Fouettard, es menester cambiar esos medios coercitivos por alternativas cargadas de magia y encanto pedagógico. Debemos sembrar más lealtad, tolerancia, amor, respeto, paz, solidaridad… en Navidad; esos valores deben estar siempre por encima de un obsequio material que enamora tal vez, pero poco crea en el niño sentimientos de humanidad.

Cuando le correspondió su turno, San Nicolás expresó su satisfacción e instó a dejar mensajes en los árboles invitando a las personas a utilizar material reciclable, reutilizable y reusable al momento de elaborar su árbol de navidad para evitar la tala de tan maravillosos seres durante la temporada navideña.

Luego del tiempo estimado, el encuentro virtual cerró con el acuerdo de que el próximo anfitrión del evento sería: Snegurochka, la doncella de la nieve. Noticia que alegró a la hermosa mujer, quien no pudo ocultar su emoción y expresó: en Rusia los espe…

La blanca doncella no pudo culminar sus palabras porque un fuerte ruido se presentó y la señal fue interrumpida.

María Magdalena le pidió a su maestro que obrara un milagro para restablecer la conexión. Él la miro con cariño y respondió:

—Mi Padre no interviene en asuntos de tecnología ni de guerras como en el pasado; yo, menos. Ya habrá el momento para los milagros y, por su puesto, para la magia. De modo que sólo resta dar las gracias al altísimo por permitirnos intentar realizar nuestra acostumbrada labor: comunicarnos.

La hermosa dama sonrió, tomó su mano y junto a él se retiró del lugar.

El silencio y la frustración llenó el ambiente por un instante que no fue más gracias a Bendegums, quien justificó la caída de la señal seguramente a un dron fuera de control en uno de los países en guerra.

San Nicolás lo miró de reojo como queriendo reprocharle su comentario, pero luego reaccionó.

—Bueno, a trabajar todo el mundo, a trabajar; salimos dentro de cinco minutos y ya ha pasado uno —sentenció mirando su reloj de pulsera.

—¡Sí, Señor! —respondió el duende mágico y colocó en sus manos un oficio—. Es el permiso especial del imperio, Señor, para que puedas viajar a La Tierra de Gracia.

—¡Gracias, amigo!

El siervo de la navidad no pudo ocultar su alegría. Y todavía con la emoción a flor de piel se alejó del lugar dispuesto a iniciar el viaje, dejando atrás un espacio que pronto se convertiría en coro de voces, encabezado por el mítico duende, invitando a preparar el viaje de Navidad.

Así en un instante mágico como la fe, San Nicolás llegó al país apenas el alba despuntaba sus primeras señales de vida y un nuevo amanecer poco a poco se dejaba observar a través de las inigualables montañas de la cordillera andina coloreada con la aurora boreal y canticos de alegría entonados por sus fieles guardianes, replicados por las estrellas en lo más alto del firmamento. Su amigo ya se encontraba en el mítico lugar. El saludo fue afectuoso, lleno de una paz profunda y agradecida.

—Bienvenido! —expresó Jesús, para sorpresa de su invitado especial, mientras desparramaba su mirada por el inigualable lugar fijando sus ojos en el último glaciar de la cordillera.

San Nicolás observó que el coro voces se alejaba lentamente y pequeños seres alados llamados momoyes desfilaban frente a él portando en resplandecientes bandejas de oro vasos de cristal, en cuyo interior se apreciaba un líquido de color blanco y rendían tributo a su presencia. No sabía de qué se trataba aquel ritual hasta que su interlocutor intervino para calmar su ansiedad.

—Puedes tomar una, son mis amigos y a partir de hoy serán tus fieles acompañantes durante el ejercicio de tu divina labor. Y eso —hizo una breve pausa mirando hacia las copas— es nutrichicha, la mejor del mundo, hecha aquí en esta Tierra de Gracia; la bebida que hace milagros: la nutrivida.

San Nicolás acercó su temblorosa mano y tomó uno de los vasos que era ocupado por otro que surgía como por arte de magia para ocupar su lugar.

Jesús hizo lo propio y dio las gracias a los gentiles seres.

—No olviden que los renos también necesitan de la bebida —recordó el Hombre de Galilea.

Los míticos seres andinos cumplieron con el pedido y se retiraron o, mejor, desaparecieron para volver a retornar instantes después ahora envueltos en trajes coloridos prestos para realizar el mandado de Navidad.

—Creo que desde aquí podemos realizar nuestro milagro, Nicolás, nuestro encanto —expresó, Jesús, claramente emocionado por el encuentro aquella mágica noche.

—Pero yo no alcanzo tanto con la mirada, ya sabes los años no pasan en vano.

—No te preocupes acércate, cierra tus ojos un momento —le indicó, y posó sus manos todavía olorosas a pino ancestral sobre las pupilas del viajero de la luz—. Ahora ábrelos —ordenó— ¿Qué ves?

—¡Qué!, no puede ser! —exclamó sorprendido, San Nicolás.

—Es uno de los secretos de los dioses. Fue concedido a los hombres en nuestros inicios, pero la ambición terminó con su magia y nuestros padres dioses decidieron que su visión fuese reducida. —Hizo una breve pausa—. Ahora permíteme tus oídos.

El hombre obedeció. Y al instante escuchaba todo cuanto ocurría a su alrededor, voces de esperanza, deseos, paz, pero también de tristeza se colaban entre muchos otros provenientes de distintos lugares del mundo.

—También recibirás el don de la omnipresencia, Nicolás; pero deberás utilizarlo con mucha cautela, como todo cuanto le sea entregado esta noche.

San Nicolás seguía sorprendido.

—Finalmente, amigo, tu mente será en adelante más lúcida y brillante; podrás conocer los deseos de los niños antes de que lo formulen: eso sí, no debes influir sobre ellos, de hacerlo se perderá la magia que los mantiene.

—¡Gracias, Jesús!, eres el Genio de la Navidad.

—Con gusto —agregó el líder dejando ver su amplia sonrisa de alegría.

—Te puedo hacer una pregunta —continuó, San Nicolás, todavía consternado ante los particulares obsequios que recibía nada más y nada menos que del propio Hijo de Dios en persona.

—Sí, la que quieras, Nicolás.

—¿Por qué haces esto?

El hombre de piel trigueña y pronunciada barba, sonrió. Lo miró directo a los ojos claros y pronunció en voz baja:

—Ahora sabes la respuesta, búscala en ti. Sólo te puedo decir que lo mereces.

San Nicolás permaneció en silencio. Unas lágrimas aparecieron de repente y el cristal de sus anteojos se empañó.

—¡Gracias! Ahora dime cómo hacer para obsequiarles un regalo a los adultos.

Jesús se rio a carcajadas esta vez, y trajo a su memoria los resultados de la encuesta realizada a adultos, la cual consistía en responder la pregunta: cuál sería el mejor regalo para navidad.

—¿La recuerdas?

—Sí, sí, claro. ¡Cómo olvidarla!

—Tienes el poder —continuó, Jesús—, entra en sus sueños, indaga sobre todo aquello que no recibieron cuando niños y hazlo realidad ahora, estoy seguro que se lo agradecerán; pero sobre todo obséquiales lo que más necesitan para alcanzar su plenitud en este convulsionado plano —hizo otra pausa, luego agregó:

—Es hora de partir, amigo, Papá Noel, San Nicolás, Santa Claus, o como quiera que se te llame en todo el mundo —expresó el líder judío y su cuerpo comenzó a transfigurarse—, muchas personas esperan por nosotros; nos vemos en el pesebre, en… ¡Ah, se me olvidaba: ¡Buen provecho, Nicolás!

El hombre se extrañó un momento, luego recordó que Jesús hacía referencia al banquete que año tras año el 21 de diciembre preparaba María Fernanda para él y sus renos como obsequio por su visita esa noche especial, acto con el cual había enseñado a quienes la amaban que el Verdadero Espíritu de la Navidad había llegado a esa familia gracias a ella y su fe en San Nicolás.

—¡Ah y espero que el helado de Samantha Lucía sea grandote para que lo comparta con su adorado abuelo y todo su familia! —finalizó, Jesús y su espíritu se diluyó como el eco de la palabra, en el titilar de las estrellas.

— Y en el árbol… Jo. Jo, jo, jo, jo…! —sonrió y agregó emocionado el hombre trajeado de color negro como la primera vez en 1600—. Por supuesto que no; será de chocolate; y no, uno sino diez… Jo. Jo, jo, jo..!

Cuando alcanzó el pico, cuyo nombre enaltece el gentilicio del más universal de los hombres nacidos en la Tierra de Gracia, detuvo la marcha, realizó su acostumbrada oración y meditación; observó una vez más la carta que por fin dejo entrever su contenido, sonrió e inició su ritual cargado de un profundo grito de alegría acompañado de lágrimas que retumbó en todos los rincones del planeta. Las estrellas ahora se observaban por millares con la llegada de los momoyes; pronto comenzó a experimentar cambios en su ser hasta hacerse pluriversal. Entonces su espíritu se multiplicó en cuanto ser alumbraba la noche, y se desparramaba montaña abajo con el polen las flores, el canto de los ríos, la música de las aves, la sonrisa de los padres, la alegría de los niños, los ojos de las lagunas, la danza de los árboles y los ecos del amor impregnando cada hogar con su presencia para dejar en cada corazón el mejor obsequio que puede recibir ser humano alguno ese especial día de Navidad: ¡la paz y la felicidad!

Tulio Aníbal Rojas.

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