El cuarto de los recuerdos

El cuarto de los recuerdos

Desde su infancia, había recordado aquella humilde casa donde vivió junto a sus padres y nueve hermanos mientras llegaba la hora de proseguir sus estudios, situación que lo obligó a abandonar el lugar para poder cursar ingeniería en la única universidad que existía en la ciudad. Fueron años difíciles en aquel sitio que lo acorralaba inexpugnablemente, pero estaba decidido a alcanzar su meta, y lucharía hasta lograrlo.

Finalmente, luego de cinco años en los cuales sólo hablaba con sus padres por correspondencia —el único medio de comunicación en aquel desolado lugar del país—, lograba el sueño de graduarse. Sin embargo pronto comenzaría una nueva vida para los pueblerinos gracias al descubrimiento de enromes yacimientos de gas que atrajeron “el progreso” a la región.

Meses después, consiguió empleo en una empresa transnacional que lo contrató para que realizara algunos proyectos relacionados con energía no renovable. Cumplido el plazo —dos años después—, comenzó a inquietarle las palabras que su padre expresaba en los escritos acerca de los constantes movimientos de la tierra (temblores) que ocurrían en la zona.

Por tal razón, decidió revisar la prensa del país y nada encontró, lo cual no le extrañó, entonces buscó por internet, para conocer las posibles causas. Había sentido una corazonada: ¿qué impacto podría generar la extracción del líquido en su tierra, y sus sospechas no fueran infundadas?

“Especialistas advierten que en estados donde parecía inimaginable que pudiera registrarse un sismo, hoy padecen temblores a causa del “fracking”, una práctica muy exitosa para extraer gas shale del subsuelo para cubrir demandas en el país de nunca jamás y en distintas regiones del mundo”.

“Con razón —se dijo—. Esa es la causa de tanto temblor en mi pueblo”.

“Una vez hechas las perforaciones —continuó leyendo— , y debido a la baja permeabilidad de la roca de esquisto, es necesario fracturar la roca con la inyección de una mezcla de agua, arena y sustancias químicas a elevada presión, para permitir el flujo y salida del gas”.

Entonces todo cambiaría para el brillante ingeniero, quien de inmediato le escribió a su padre…

“Papá ya lo sé, los sismos se deben, estoy seguro, a la utilización del “fracking”. Es necesario detener esa práctica o podría ocurrir una catástrofe.”

Nunca recibiría respuesta.

“Sí, he oído hablar de eso aquí a los ingenieros, pero nos aseguran que esa no es la causa, por eso nos estamos organizando para luchar contra esa forma de extraer gas y petróleo que no sólo produce los temblores, como le he dicho, sino es la contaminación de fuentes de agua, lo que afecta a los humanos y a la ganadería, cosechas; enfermedades en la piel, migrañas, emisión de gases de efecto invernadero, la destrucción de paisajes, y, en algunos casos, arruina nuestras vidas y hasta causa la muerte” —explicó el hombre de 60 años, a un reportero quien había llegado al pueblo para conocer la extraña realidad, y, supuestamente, publicarla para que se tomaran medidas a tiempo.

Días después, el líder comunal moriría en un extraño accidente de tránsito.

“El gas de esquisto o gas shale —también conocido como gas de pizarra o lutita— se trata del gas natural que se encuentra atrapado en sedimentos de roca abundantes en esquisto y otros materiales orgánicos, a profundidades de mil a cinco mil metros”. —Continuó el periodista—. Un sismo es un rompimiento repentino de las rocas en el interior de la Tierra. Esta liberación repentina de energía se propaga en forma de ondas que provocan el movimiento del terreno, sin embargo, existen también sismos menos frecuentes causados por la actividad volcánica en el interior de la tierra, y temblores artificiales ocasionados por la detonación de explosivos. El sitio donde se inicia la ruptura se llama foco y su proyección en la superficie de la tierra, epicentro”. —finalizó el reportero desde un lugar del lejano y olvidado pueblo.

“El artículo fue publicado, pero las respuestas oportunas todavía no aparecen”. —reflexionó.

Ahora se encontraba allí parado frente a aquel recuerdo en la que había saltado, reído, llorado, dormido y hasta jugado con sus soldados a la guerra porque, saben, quería ser militar, sí, un general, todo ello felizmente cuando niño; ahora ya no estaban los afiches de sus jugadores favoritos, ni los cuadros de los santos —con los cuales sus padres los protegían en las noches, especialmente cuando quedaban solos—; una grieta en la pared (única sobreviviente), era todo lo que podía observarse en aquel lugar, como reflejo de lo inhabitable que había quedado la casa.

Todavía, con la mirada ausente, como su alma, sin poder desprenderse de sus lágrimas ni de la tragedia que provocó aquel el terremoto de 8.7 grados escala Richter que había acabado con su pueblo y con el sueño de su familia, sus recuerdos lo…

—¡Mi cama, mamá —expresó— mi cama, es linda mi cama nueva, gracias, mamá! —Sonrió.

—Tu padre trabajó duro para comprártela, así que a cuidarla mucho para que te dure bastante —le advertía la mujer con una sonrisa de ángel en sus labios y satisfacción de madre feliz en su corazón.

Pero la magia fue interrumpida por un clamor que vino desde afuera:

—¡Papá! —se dejó escuchar, palabra que lo hizo volver al presente—. Vámonos, mamá te llama –dijo la niña–, y lo tomó de la mano con ternura, pues sabía que su admirado hombre estaba sumido en el pasado del que permanentemente les hablaba cuando se reunían a contar historias.

—Sí, Hija, vamos, mamá tiene razón.

Era todo lo que quedaba del lugar abandonado ante los intensos sismos ocurridos en la región, para el que nadie estuvo preparado porque no era usual en la zona. La gente que sobrevivió poco a poco emigró hacia la ciudad, y las empresas encargadas de explotar el líquido aumentaron en número su presencia por toda la región.

Antes de tomar su auto, el hombre volteó una vez más su mirada sobre lo que fue su hogar para despedirse, dejando atrás un cuarto de los recuerdos, con la firmeza de cumplir la promesa hecha a su padre: continuar la lucha hasta lograr la erradicación de tan abominable forma de explotar un recurso natural.

Tulio Aníbal Rojas.

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