La herencia del romanticismo

LA HERENCIA DEL ROMANTICISMO.

Los siglos pasan, mas los principios permanecen.

Dicen que el romanticismo murió, sucumbió con el embate del naturalismo, del realismo, modernismo, surrealismo, dadaísmo, estructuralistas, vanguardias, malditos, estridentes y demás corrientes literarias que le sucedieron desde fines del siglo XIX, en el transcurso de todo el siglo XX y las primeras dos décadas del XXI, pero en realidad, todas ellas algo le copiaron.

Frente a la frialdad del racionalismo, con juvenil rebeldía el romanticismo impuso en sus inicios el valor de la intuición en la creación artística, aunque después el positivismo sentó sus reales durante varias décadas del mil ochocientos. Ese aliento vital de la inspiración, surge de lo más profundo del alma del poeta, con su cosmovisión muchas veces subjetiva, impregnada del sentimiento, de las razones del corazón. Así, aprovecha cuanto la naturaleza le pone enfrente, pero todo lo transforma con la fantasía para crear mundos alternos; dicen que son fugas de la realidad, ¿o más bien son nuevas representaciones del entorno, expresadas con los símbolos de las palabras en la lucha por su ideal?

Así como existían las cadenas del racionalismo, hoy aherrojan al alma las cadenas de las corrientes literarias que pretenden encauzar entre rígidos diques de concreto la creación literaria. Pretenden especificar la estructura, las formas, el estilo; pretenden hacer que los escritos sean intrincados para aumentar la tensión y solo hasta el final llegar a un desenlace inesperado, por eso obligan al uso de metáforas oscuras, sin significado, con supuesto contenido escondido, así como tramas intrincadas, y a final de cuentas, con su mediocridad pretenden dejar que el lector interprete como quiera lo que quiera.

El espíritu romántico se rebela ante esas camisas de fuerza, pues el genio no puede ser sometido. El núcleo de la creación artística está en la invención, que no es otra cosa que la expresión de los sentimientos que anidan en las profundidades del escritor; de esta manera, las palabras se trasladan al monitor de la computadora con fluidez en la creación de un mundo que a veces puede parecer una imitación de la realidad, retratando a los personajes que sufren bajo la opresión de las bajas pasiones, mas no pierden sus valores morales: la bondad, el amor, la nobleza del corazón. De esta manera, el espíritu de la rebelión romántica se enfrenta con gallardos héroes de la vida cotidiana en el mundo urbano del siglo XXI, a las actitudes arbitrarias e irracionales de los caprichos de los dictadores, sin importar si son de izquierda o de derecha, busca de manera ferviente el imperio de la verdad, de la justicia, creando conciencia entre el pueblo oprimido por la manipulación que los tiranos hacen de la palabra a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, apoyados por sus seguidores irracionales, para relativizar los valores y así dominar con mayor facilidad. Sí, el autor, al igual que sus héroes, razona los hechos del mundo real, pero los impregna con el sentimiento de la lealtad hacia el lector, con el amor a la verdad y la justicia, esos valores objetivos que parecen olvidados por la pérdida del significado de las palabras ante la inútil repetición populista.

El genio no puede ser sometido, la creación requiere un ambiente de libertad; así puede crear un mundo fantástico con personajes totalmente ficticios cuya descripción física en nada se parece a los seres del universo que conocemos, pero como viven en condiciones ideales, aunque totalmente verosímiles, hay quienes alegan que son puntos de fuga para que el autor evada su realidad. Pero no es así. Si bien es cierto que la escritura tiene su efecto catártico en el autor, esto le ayuda a mantener el equilibrio de su persona interior con el exterior, manteniéndose en su realidad.

Pero también es cierto que la obra literaria no siempre es ficción, sino que puede basarse en los hechos reales, como sucede con la novela histórica, o se mezclan ficción y realidad, pasado, presente y la proyección de un futuro.

Algunas corrientes posteriores al romanticismo se fijaron una postura radical, debían acabar con todo lo antiguo, lo viejo, para ellas el progreso estaba en lo nuevo; lo pasado ya no era válido porque pertenecía a una generación distinta, y algunas de ellas se despeñaron en los abismos de la estridencia, buscaron la supuesta belleza de lo feo, quisieron hacer creer que el sujeto iba más allá con el ruido, el caos, lo más bajo de la humanidad expresado de manera vulgar con el lenguaje soez, provocando en realidad la pérdida de toda la emoción estética. Esas corrientes exigieron respeto pero no respetaron a los que diferían, y con el paso del tiempo la mayoría cayó en el olvido. Frente a ellas el espíritu romántico siguió vivo en la búsqueda del auténtico placer estético en la belleza y el amor.

No se necesita romper de manera estridente con el pasado para transformar al mundo, no todo lo pasado, por pertenecer al pasado está equivocado, con la defensa de los valores, el espíritu romántico defiende y fortalece lo que está bien y corrige los errores, con caballerosidad sin límites y rectitud sin tacha.

Otro elemento de la herencia romántica es su canto al amor en todo su esplendor ideal, que para muchos, en estos días de utilitarismo sexual, resulta cursi, almibarado, pero los herederos saben valorarlo porque lo viven, razón por la cual lo enaltecen con pundonor. Es un canto al amor donde la mujer es representada de manera integral con todo su esplendor, la exaltan, la respetan, la defienden, como los trovadores y los caballeros medievales de Walter Scott, pero ahora en el entorno urbano del siglo XXI.

Todavía hay autores que siguen pregonando los valores más preciosos de aquellos tiempos, como son la integridad moral, como una congruencia entre el ser y el deber ser por ellos predicado; es la sinceridad de la verdad y la bondad, pero además, están dispuestos a defenderlos públicamente frente a las descalificaciones infamantes de los esbirros del relativismo, los materialistas que solo buscan la ganancia fácil de ventas en un mercado donde cada quien tiene sus valores individualistas, el egoísmo soberbiamente los domina con un falso concepto de la libertad, y le niegan todo derecho a quien se mantiene fiel a sus ideales hasta la muerte.

No entiendo el afán cientificista de clasificar todo, de poner etiquetas de escuelas y corrientes, cuando el arte es fruto del pensamiento espontáneo, de la autenticidad de la persona. Por esto, los principios del romanticismo seguirán vigentes mientras la humanidad siga hollando la superficie de la tierra, pues los principios que nos legó son inmanentes a la naturaleza humana.

La herencia del romanticismo pervive en el escritor, que en prosa o en verso lucha por su libertad con la fuerza creadora del lenguaje, sin importar el siglo en que le ha correspondido vivir.

Nadie más romántico que el inmortal ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, quien luchó por un ideal en su locura, el amor y la justicia, por eso, al volver a la razón su vida perdió sentido, pues ya no existía ese ideal por el cual seguir luchando.

Phillip H. Brubeck G.

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