Simplemente madre.
No existen palabras suficientes
ni adjetivos capaces de describir tu grandeza.
Tu misión, regalo divino del creador,
es la más sublime entre todas las tareas.
Madre, eres abrigo y esperanza,
la razón silenciosa de tantas vidas,
la mano que guía con ternura
y el corazón que jamás se rinde.
Cultivas amor desde el primer instante,
proteges, enseñas y entregas el alma;
porque en cada hijo vive una parte tuya,
y en cada lágrima, también tu calma.
No existiría mundo sin madres,
sin su fuerza, su fe y su nobleza;
has llevado el dolor con valentía
y aún así regalas sonrisas y fortaleza.
Perdona mis silencios e ignorancias,
mis faltas de comprensión y mis errores;
hoy entiendo que tu amor es infinito,
que siempre estuvo lleno de valores.
Aunque el tiempo o la distancia nos separen,
sé que tu corazón seguirá junto al mío;
porque mi dolor también te duele
y tu amor jamás conoce el olvido.
Gracias, madre, por existir,
por ser refugio, luz y vida;
porque aun cuando todo oscurece,
tu amor siempre ilumina mi camino.
Nicolás Sosa.
Venezuela.



