Reflexión: Casiamor

amor incompleto

CASIAMOR

Amor incompleto

Todo eso, todo eso es un casiamor. Porque falta algo, que en ninguna noche me ha mantenido las manos ni los pies calientes…

Me pides hablar de amor como si supiera qué es y lo encontrara cada mañana al vaciar el cereal sobre mi plato, pero dime, ¿en serio crees que alguien como yo pueda tomar un puñado de palabras que engloben esas cuatro letras? Alguien que nunca parece estar satisfecho cuando otros estiran las manos con estas hermosas flores de suave cristal, que terminan rotas en el suelo y no son más que azúcar de la vieja.

¿Qué voy a saber yo de amor? Qué voy a saber si no es de las heridas que nacen desde adentro y parecen que nunca cierran, porque aquellos que debieron cuidarme y enseñarme de amor, me dejaron a un lado y ni siquiera lo notaron. Porque amor no es solo dos personas en una cama, en la promesa de un anillo de oro ante un público televidente que interfiere, sino todo aquello que te llega desde que naces al estar en los brazos de tu madre y recibir los besos de tu padre. Aquello que también falta.

Al menos sé que no sé nada. Que por mucho tiempo sentí lo que a algún escritor le pagaron por decir que se sentía al amar, pero no era real. Lo único real ha sido el dolor, la desazón. Tal vez por eso mis hojas ya no mienten, han perdido la esperanza que también yo tenía de encontrar ese algo, ese alguien que dicen algún día llegará. ¿Llegará? No lo sé y a veces ya no me importa, la mayor parte del tiempo tengo demasiado noamor como para que así sea; tengo demasiado dolor acumulado y sentimientos vencidos, que qué más da si muero sola ahogada en este cálido vacío, donde tengo las manos llenas de algo que ni yo sé qué es, pero no hay nadie ahí para tomarlo porque no, para ellos eso no es amor.

Pero las noches que importa, las noches donde no puedo ignorar más que tanto casiamor se acumula hasta el techo en cada esquina y en el centro de la sala… esas noches son las que casi matan. Y siempre noches, porque a estas cosas les gusta salir cuando estoy sola en mi universo, cuando soy un astronauta perdido más allá de la Vía Láctea perseguido siempre por eso. Eso que es un noamor y un casiamor y un pseudoamor, todo eso que mata por salir a jugar con el aire de mis pulmones y los océanos que guardo en el pecho. En esas noches más que en ningún otro momento, ¿qué voy a escribir yo de amor? Si es amor lo que me falta.

Estoy ausente de amor y de amar, así como en mis cartas falta un destinatario. ¿Soy yo el problema? ¿Por qué no conozco lo que significa ese verbo principal de toda lengua? Si hubo ahí un hermano que me ayudase a levantarme cuando me caía, un padre que me consolaba después del acecho de las pesadillas, una madre que me enseñó a decir “te quiero”, un amigo donde pude encontrar calma para el llanto, el primer beso y el segundo y otros más. Todo eso, todo eso es un casiamor. Porque falta algo, que en ninguna noche me ha mantenido las manos ni los pies calientes, que pavimenta el camino al infierno de todas estas buenas intenciones que cargo entre los brazos.

De eso sí sé, del casiamor. Cuando el frasco no está lleno pero se cierra; cuando las únicas estrellas que vez son aquellas que la luz de la ciudad no supera. Eso es el casiamor, lo que está ahí pero no es suficiente, no basta, no llena. Y yo, a final de cuentas, soy solo eso: casiamante, como muchos otros que lo intentan y lo intentan, pero nunca lo logran. No encuentran lo que les falta y solo ofrecen lo que nadie más necesita.

Diana Brubeck

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