Reflexión: «El ocio: madre de virtudes y de vicios»

Descanso

EL OCIO: MADRE DE VIRTUDES Y VICIOS

Holganza

El ocio creativo hace que el pensamiento se mueva de un lado a otro.

“La holganza es un alimento, lo mismo que el sueño.”

(CHESTERTON, Gilbert K.: Ensayos).

 

“La inteligencia se define como la aplicación a la materia de una función del espíritu destinada a facilitar la vida”, nos dice Manuel García Morente en “La Filosofía de Bergson”, fundamentado en el espíritu del pragmatismo que señala que el saber, el conocimiento, termina teniendo siempre una aplicación práctica, “sirve para la acción”, pero luego agrega que la inteligencia, una vez que satisface las necesidades humanas, se dedica a la especulación, “le queda ocio para funcionar de balde”.

El ocio positivo

Este ocio, cuando es bien encauzado, coadyuva al crecimiento de la persona y por ende de la sociedad en la que se encuentra inserta. Es el ocio creativo, el cual hace que el pensamiento se mueva de un lado a otro, buscando en todos los rincones del cerebro las relaciones que se dan entre uno y otro sistema para conectarlos y obtener nuevas conclusiones. Es lo que aprovechan los grandes pensadores en cualquier disciplina del conocimiento humano, tanto de la filosofía  y las ciencias denominadas humanísticas, como de las llamadas ciencias exactas o matemáticas, y así surgen los grandes inventos (a veces del tamaño de un microchip) o, los libros inmortales que transforman la sociedad.

Esto es totalmente cierto, pues al momento en que la mente se siente liberada del peso rutinario y angustiante de satisfacer las necesidades de la persona, que va desde las básicas para la subsistencia, hasta aquellas que se ha generado para mantener un nivel de vida para él y su familia, conforme a determinados estándares sociales; una vez que rompe las cadenas del estrés, se ve libre de todo freno y empieza a moverse con vertiginosa libertad por caminos insospechados, sin que se le pueda detener, al grado de que uno se sorprende al percatarse se las cosas que está ideando para mejorar sus circunstancias.

Esto sucede en el mejor de los casos, en condiciones normales, sin embargo, mi abuelita siempre me decía que no anduviera de ocioso, porque “el ocio es la madre de todos los vicios”.

El ocio negativo

Si la virtud es un hábito, o sea una constante voluntad de hacer determinada cosa, el vicio también lo es. Por lo tanto no queda excluida la constante voluntad de hacer cosas que van en contra de la naturaleza humana o de la sociedad. Los psicólogos nos dicen que por diversas circunstancias pueden producirse patologías que alteran la conducta humana a efecto de que el pensamiento se encauce a producir el mal a otras personas, lo cual puede ser desde un simple rencor social, para vengarse de que las circunstancias socio económicas no le hayan permitido gozar de bienestar material desde pequeños, y por ende luchan para que quienes tienen más vean lo que se siente; o situaciones en las cuales desde pequeños vivieron un ambiente familiar violento y por tanto consideran a la violencia física y moral como el común denominador de las relaciones humanas; y podemos seguir mencionando más hasta llegar a los casos extremos de las esquizofrenias y paranoias que alienan por completo la mente humana.

Precisamente, cuando existe alguna patología, por mínima que sea, la inteligencia puede moverse hacia los caminos de buscar daño a la persona o a la sociedad, algunos a la autodestrucción a través de la fármaco dependencia y el suicidio; otros en contra de las personas que lo circundan. Aquí encontramos la razón de ser del refrán popular: «el ocio es  la madre de todos los vicios», por eso dicen que nada más piensan en sus maldades cuando tienen oportunidad.

Estas son las paradojas de la naturaleza humana, la lucha constante de los opuestos, la contradicción entre el bien y el mal, sin que ninguno de los dos pueda dejar de existir. Sin embargo, para que la persona y la sociedad puedan crecer, deben buscar que sea el bien quien dirija sus pensamientos y sus acciones, pues el bien  ayuda a construir, mientras que el mal destruye sin dejar nada sobre los cimientos.

El fin no justifica los medios

El fin no justifica los medios. Para poder alcanzar un objetivo bueno, siempre es necesario utilizar medios buenos, positivos, constructivos, pues el mal sólo puede generar mal.

Busquemos pues que nuestra inteligencia nos impulse a ejecutar acciones que coadyuven a la consecución del bien común, al crecimiento de la sociedad, reconociendo cuanto existe de bueno, buscando las oportunidades de mejora.

Phillip H. Brubeck G.

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