La complejidad de nosotros, los seres humanos.
A veces creemos saberlo todo. Creemos que encajamos, que actuamos y que simplemente somos. Luego, de alguna forma, te das cuenta de que no es así; de que cada día es un aprendizaje, de que cada día descubres algo nuevo de ti, te criticas y te felicitas a ti mismo.
Cada día abres los ojos frente a una realidad, porque a veces somos empáticos y toleramos todo, y otras veces somos egoístas y dejamos de pensar en lo que siente alguien a quien podemos estar lastimando sin querer.
Creo que hay que ser valientes para recibir una crítica constructiva, tomarla, analizarla y buscar mejorar a partir de ella. Con esto no digo que lo que digan los demás importe siempre; no me refiero a eso.
Pienso que las personas que realmente te aprecian son las que te hacen ver cuando cometes errores. Y esa lección me la enseñó un maestro hace mucho tiempo, alguien que me dijo:
La verdadera amistad o el verdadero cariño no se ve cuando solo te felicitan, sino cuando te dicen:
«Oye, ¿sabes qué? Estás haciendo esto mal», pero no como una forma de destruirte, sino de construirte. Me aferré a esa idea y hoy, más que nunca, acabo de reafirmarla.
Sigo creyendo que los seres humanos somos un mundo de opciones, de palabras, de todo; que no tenemos la obligación de hacer que los demás nos entiendan, pero sí de comprendernos a nosotros mismos, porque es la única manera de tener un análisis completo y de ser.
Así que mírate al espejo.
Analízate, mejora.
Sé ese papel en blanco que a veces necesita no tener nada para volver a empezar.
Elsa Sabando.
Ecuador.



