Cuento: Cosas de gatos

Gato de noche

Cosas de gatos

Si alguna vez has tenido un gato o convivido con uno por más de unas pocas horas, sabrás que hacen cosas raras. “Cosas de gatos”, decimos, cuando se quedan viendo un rincón vacío en la habitación como si hubiera algo ahí, invisible a nuestros ojos. Cosas de gatos como un frenesí a las tres de la mañana, o los maullidos similares a las voces de niños jugando a medianoche. Dejar animales muertos a los pies de la cama para demostrar cariño, arañar la puerta para salir o entrar, no salir ni entrar y lanzar al humano a la desesperación de no saber con exactitud los deseos del pequeño demonio de cuatro patas, o dormirse ocupando justo la mitad de la cama.

            Pasada la media noche Cornelio abrió sus ojos verdes, lo cuales no tardaron en acomodarse a la poca luz de la habitación. Miró a su humana, acomodada todavía en su rincón como si en sueños temiera molestarlo, él estiró su cuerpo en un perfecto arco, echó un amplio bostezo mudo dejando a la vista todos sus dientes y bajó de un salto tan silencioso como la noche.

La puerta de la habitación estaba entreabierta; tenía total libertad para salir y entrar a su antojo por la ventana de la cocina (sin mosquitero después de que él lo rompiera unos años atrás) hacia el jardín, donde había un huele de noche por cuyas ramas trepaba siempre hasta la azotea.

Se encontró con Coronel, su mejor amigo y juntos caminaron por los techos de las siguientes casas hasta llegar con el resto del grupo. Eran nueve en total, todos diferentes excepto por Maco. Él, como Cornelio, era un común europeo, con su pelaje pardo y rayas más oscuras que recordaban a un gato montés, pero su cara era más afilada y de expresión dura. Era el más problemático de todos, junto con Mediacola, un manés amarillo llamado así por la singular característica de tener la cola tan corta, apenas la mitad comparada con la de otros gatos.

“La pandilla”, como los llamaban el resto de los humanos, gustaba de juntarse casi todas las noches. No eran horas para salir, decía siempre la humana de Cornelio, y a veces, pensando que lo necesitaba cerca durante la cena -y con suerte recibiría un poco-, se quedaba y esperaba a que ella se durmiera. Así, las noches eran para jugar a atraparse en la calle, o hacer carreras de obstáculos entre las tuberías y los objetos de los humanos olvidados en las azoteas; otras noches eran de peleas entre ellos o hacían apuestas para ver quién cazaba más grillos y polillas. Pero esa noche no era noche de juegos ni carreras, mucho menos de maullar a la luna.

Cornelio se echó al lado de Mihi y Nihil, un par de hermanas que había llegado unos meses atrás con la mudanza de una nueva familia. Mihi era blanca con dos enormes manchas grises en el torso, una más le cubría la punta de la cola y otras dos adornaban sus orejas, mientras que Nihil era casi toda gris salvo por el pecho y las patas blancas, y una mancha del mismo color en el ojo derecho.

Los otros tres gatos, eran quienes más tiempo llevaban viviendo en aquel fraccionamiento: Negro, Salem y Atila. Atila en realidad era hembra, pero los humanos no lo sabían; Salem era negro y resultaba sencillo tropezarse con él si se iba a oscuras por la calle, y Negro era un persa blanco con algo de sobrepeso. Gracias a ellos, en más de una casa dejaban comida en la banqueta para cualquier miembro hambriento de la pandilla. Tenían una buena vida, sin duda alguna, pero no era su verdadera vida.

Aquella noche era para observar y recordar. Cada uno de ellos lo sabía mientras hurgaban el cielo en silencio, con los ojos puestos en estrellas y caminos que solo ellos podían distinguir. Era la ruta a casa, más allá del planeta de los humanos, al cual llegaron milenios atrás, pero apenas unos pocos siglos en tiempo de gatos. Para Salem y Atila, ya en el final de sus octavas vidas, era fácil recordar el día cuando bajaron del cielo, en un lugar llamado Egipto, alguna vez un hermoso paraíso verde en medio del desierto. Ellos enseñaron a los humanos los secretos de los astros y la construcción, y a cambio recibían comida y respeto, pero todo había cambiado y solo les quedaba la esperanza, la promesa de volver a su verdadera tierra donde no había cemento que les quemaba las patas en verano, y nunca faltaba refugio de la lluvia. Un hermoso lugar con las estrellas brillando libres y no atadas a altos postes y cables colocados en hilera.

Bastet se los había prometido cuando dejaron su mundo: no era para siempre, ya volverían a saltar entre polillas de luz y no habría quién los persiguiera con resorteras o piedras en mano. Volverían a la tierra donde eran respetados, como lo hicieron aquellos antiguos hombres del desierto, y también otros humanos en diferentes continentes que alabaron a un dios leopardo o a un dios pantera. Todos los gatos volverían como dijo Bastet, solamente debían estar atentos al cielo durante Shemu, y el camino se abriría a ellos como lo hacían los campos durante las cosechas antes de la época de la tecnología.

Aquella noche no era para jugar, ni para correr, tampoco para revolcarse entre la hierba y cazar grillos. Era una de las noches de Pa-en-Jonsu donde tocaba ver el cielo, buscando el camino que conectaba esa tierra con su antigua tierra. ¿Habría Bastet derrotado ya a la oscuridad que los obligó a abandonar su hogar? ¿Esa noche su luz caería sobre todos los gatos para llevarlos de regreso a casa? Los gatos de antes y los de ahora, los nacidos en la Tierra y quienes conocían la historia como si la hubieran vivido. Todos anhelaban ver cumplirse la promesa, incluso si de verdad querían y se preocupaban por sus humanos. Soñaban con el fin de la guerra y de la oscuridad en su mundo, preguntándose cuánto más tardaría Bastet en cumplir su palabra. Cosas de gatos.

Diana Brubeck.

You may also like this

25 diciembre 2020

Lo máximo de Máximo

<!-- wp:heading --> <h2>Lo máximo de Máximo.</h2> <!-- /wp:heading --> <!-- wp:paragraph --> <p>Era el mes de n

admin
08 diciembre 2020

La princesa y sus animales.

<!-- wp:heading --> <h2>La princesa y sus animales.</h2> <!-- /wp:heading --> <!-- wp:paragraph --> <p>Había una

admin
21 noviembre 2020

Adrián, un héroe de la guerra de Malvinas

<!-- wp:heading --> <h2>ADRIÁN, UN HÉROE DE LA GUERRA DE MALVINAS</h2> <!-- /wp:heading --> <!-- wp:paragraph --> <

admin

Leave Comment