Luz y oscuridad

LUZ Y OSCURIDAD

La historia de Amor, Estefan y Andrés

EL INICIO

En el bosque cualquier cosa pasaba, las criaturas eran libres de crecer y morir, cada quien sabia hasta dónde podía ir y de quién tenía que cuidarse. Tenía vida propia y solo los humanos con sus carretas delimitaban el espacio que podía ocupar el crecimiento del bosque. Pero ¿quiénes eran ellos que podían decidir dónde terminaba y dónde empezaba su territorio?, estaban desquiciados si Dios no colocaba límites, no había marcas señalando esta es el área de los hombres y esta de los animales y las plantas, ¿por qué los hombres se empeñaban en hacerlo?

Los caminos de tierra que atravesaban el bosque, se habían formado por el paso de las ruedas de las carretas jaladas por los caballos, delimitaban el espacio de la tierra sembrada y del bosque que crecía libre y sin atadura alguna.

El bosque lleno de árboles muy altos y verdor del pasto desde el suelo, hasta las enredaderas que cubrían los troncos marrones y grisáceos de algunos de los árboles, hasta llegar a su copa y confundirse con sus ramas en las puntas. Desde arriba no podías distinguir qué tipo de árbol era, si es que cada uno debía tener su nombre. No importa realmente su nombre, solo importa que genera vida y la protege con sus sombras y en sus ramas los nidos de las aves, donde crecen las familias nuevas, que llenan de melodías sonoras el ambiente.

Los animales, desde los insectos hasta los lobos, que habitaban aquí tenían sus límites definidos. Límites, límites, límites. Por qué teníamos que separarnos unos de los otros, si el equilibrio es perfecto y hay espacio para todos. Había espacio separado y delimitado para la luz y para la oscuridad, Dios lo había dispuesto así, ¿quién era el hombre para querer cambiarlo? En cada uno de ellos vivían ambas, dentro del corazón de cada hombre, cada una era alimentada de acuerdo a sus sentimientos. Hay hombres de luz y hombres con oscuridad en el pecho, qué pena. Esos eran los pensamientos de Estefan, quien había sido criado en un orfanato a las afueras del pueblo de carpinteros, escondidos en las montañas. Tenía un alma muy noble y a pesar de los malos tratos recibidos durante su infancia, pensaba aún que hacer mal a otro no te quitaba el sabor amargo que queda cuando otro te lo hace a ti.

Estefan trabajaba en un sembradío, ayudaba al señor de la plantación, quien solo venía a finales de mes a pedir cuentas y llevarse las frutas para venderlas en la ciudad. Si debiera pintarle lo haría de blanco, porque eso inspiraba: discreción, equilibrio, cuidado y soledad. Si querías verle lo encontrabas a primeras horas de la mañana, cuando el sol salía, montado en su caballo camino al sembradío de los frutales y ya al atardecer, cuando aún no oscurecía, bajar la calle principal en su caballo para llegar al pueblo.

Estefan tenía unos rasgos muy fuertes, su cabello era grisáceo a pesar de sus veinte años, abundante y rizado, tenía una espalda ancha y fuertes brazos. Muchos decían que debía ser hijo de alguien muy alto porque sus piernas eran largas y su torso cuadrado, además sus manos grandes parecían torpes cuando tocaban las frutas que desprendía con cuidado de cada uno de los árboles para dejarlas en las cajas.

Por su parte Andrés era todo lo contrario, era grosero en el trato y pensaba que por ser más musculoso que los demás tenía derecho a atropellarlos. Imagina si el león en la selva abusara de su poder y a todos devorara, no habría selva. Su cabello negro abundante cubría parte de su pecho y sus brazos inclusive los dedos de sus manos. Había crecido en una familia con un padre que les golpeaba a menudo y una madre que los abandonó a temprana edad, porque no resistió los maltratos de su marido. Para él los golpes y el maltrato era la forma de querer, inclusive su perro parecía como él, con los dientes afilados mostrándolos siempre y todo el tiempo amenazando a todos.

Una noche de tormenta y mucho viento, ambos fueron arrastrados por la crecida del rio que bajaba de la montaña. Sus caballos no pudieron cruzarlo y los arrastró a ambos. Esa noche de tormenta y rayos, la luz alumbraba todo el bosque, los animales temerosos se escondían, protegerse de la cantidad de agua que inundaba el bosque y arrastraba con furia lo que encontrara en su camino.

Ambos cuerpos, llevados por el agua voraz, se quedaron atrapados entre las ramas de uno de los árboles que la corriente había arrancado. La lluvia seguía cayendo sin piedad y en tal cantidad que era imposible ayudarles, los caballos como pudieron lograron llegar a una de las orillas y salieron, aunque les costaba caminar pues sus patas quedaban sumergidas en el barro rojizo hasta casi la mitad.

Estefan pidió a su Dios, que por favor lo ayudara a salir del agua, mientras que Andrés luchaba con furia casi desafiando la corriente y recordó que su padre le decía que llamara al diablo, cuando quería que la muerte se alejara de él, y eso hizo. Ambos seguían río abajo, era tal la furia del río que nunca lograron verse; perdieron fuerzas poco a poco, hasta que se dejaron llevar por la corriente.

El señor de la oscuridad le tendió la mano a Andrés y logró sacarlo a la orilla, arrastrándolo fuera y lo dejó tendido boca abajo debajo de una enramada.

Estefan por su parte seguía el recorrido del agua y se golpeó con unas de las piedras, entonces un Ángel lo sacó para dejarlo sobre una de las más grandes, fuera de la corriente del río que seguía arrastrándolo todo con furia.

DESPUÉS DEL AGUA

En un claro del bosque Estefan comenzó a toser fuertemente, sacando de su cuerpo el agua que invadía sus pulmones. Por su parte Andrés caminaba con torpeza, desorientado hasta que la luz de los rayos lo llevó al claro. Esta área milagrosamente estaba seca, mientras en los alrededores la cortina de lluvia continuaba cayendo, entonces con dificultad logró llegar y cayó de rodillas para después dejar su cuerpo sobre el pasto verde pero seco que le rodeaba.

Una esbelta silueta vestida de color verde, con el brillo de las hojas mojadas por el rocío mañanero, se acercó a Estefan y le acarició el rostro. Estefan abrió los ojos y aún confundido solo le sonrió, ella lo ayudó a ponerse en pie y lo guio a una piedra blanca que estaba en el borde del claro como haciendo una barrera.

–Descansa un poco, la lluvia no ha terminado y la noche es larga.

–¿Dónde estoy?

–En el bosque, la corriente te arrastró hasta aquí. El ángel del bosque te sacó de las aguas.

–¿Por qué lo hizo?

–Porque pediste ayuda, y la ayuda llegó a ti. –le sonrió. Era de una belleza extraordinaria porque tenía el rostro rosado como los pétalos de las flores, los ojos como las ramas marrones y los labios delgados como las hojas que apenas nacen, sin mostrar su tamaño.

–Esto es un sueño, ¿cierto?

–Si, estás soñando. En realidad, estás entre la vida y la muerte.

–¿Por qué no morí?

–Has sido un hombre bueno y te han dado la oportunidad para que regreses, si así lo deseas.

Cuando Estefan giró su cabeza vio el cuerpo de una joven que yacía sobre el pasto, mojada como él, pero con una herida en la frente que sangraba aún.

–¿Ella quién es?

–Una niña que quería morirse, corría por el borde del río y se arrojó a sus brazos. ¿Sabes que el río se lleva lo que encuentra sin pedir permiso? ¿Ves a alguien más?

Estefan volteó la mirada hacia el otro lado y vio el cuerpo de Andrés que estaba boca abajo en el inicio del claro.

–¿Quién es?

–Él es un alma perdida. Llamó al maligno para lo ayudara y lo dejó en la orilla.

–¿Al maligno?

–Si al diablo, para que lo ayudara. ¿Te imaginas qué locura?

–¿Por qué lo dices? –la miró extrañado.

–¿Para qué vas a pedir ayuda a quien no sabe darla? Además siempre pide algo a cambio, algo que realmente valores y aprecies.

–¿No lo sabe?

–No nunca le enseñaron, solo lo conoce a él y por eso lo llamó. Dentro de unos minutos se despertarán y conversaremos los tres.

–¿Por qué te acercaste a mí? ¿para despertarme?

–Porque has sido un hombre bueno y recto y mereces que se te dé una oportunidad, la de seguir con tu vida.

–¿Eres tú quién me va a juzgar?

–No. Dentro de un rato, cuando ellos despierten, verás a un hombre vestido de blanco que los evaluará y decidirá sobre ustedes. Tranquilo has sido un buen hombre, nunca has abusado del bosque, tratas bien a los animales y a los humanos, eso te da una ventaja sobre ellos. Tenía que decírtelo, debo irme, es tarde.

–Espera, ¿debo saber algo más?

–No. Todo estará bien.

Estefan se sentó cruzando sus piernas sobre el pasto verde, frente a una de las piedras enormes y blancas que delimitaban el claro. Andrés se despertó levantando su cuerpo del pasto y mirando con extrañeza a Estefan le hizo señas, como preguntándole dónde estaba. Estefan solo levantó sus manos y subió sus hombros en gesto de no saber.

Al cabo de unos minutos la chica comenzó a moverse, su vestido de falda ancha verde mojado aún y con manchas de sangre en su mitad, se movió junto con ella. Poco a poco logró sentarse y revisó sus brazos primero, luego se llevó las manos al rostro y después observándose los brazos llegó hasta la falda verde y las piernas. Por unos minutos solo se observó y después llevándose las manos al rostro comenzó a llorar con desesperación.

Estefan se levantó y se acercó a ella. La chica se sorprendió de verle mientras él le acariciaba la espalda reconfortándola.

Andrés solo observaba y le pareció desagradable la escena.

De repente escucharon unos pasos que venían del bosque, una silueta vestida con una capa blanca se acercó al borde delimitado por las piedras blancas y tomó asiento en una de ellas. Al cabo de unos minutos otra figura, pero vestida con una capa negra, tan profundamente oscura como la misma noche, se acercó al centro sentándose en el otro extremo aún con sus brazos cruzados sobre su pecho y la capucha cubriéndole el rostro.

La figura vestida con la capa blanca se puso de pie y manteniendo sus brazos cruzados sobre su pecho comenzó a hablar. Su voz estremecía las entrañas de todos, pero Estefan no tenía miedo, al contrario, estaba lleno de paz y tranquilidad. Sin embargo, tanto a la chica como a Andrés, les molestaban las palabras que esa figura emitía, era como si les golpeara la cabeza desde adentro.

–Hemos venido a juzgarles por lo que han hecho hasta ahora. Debemos decidir con quién van a irse. Ustedes están aquí para que decidamos si continúan con vida, de merecerla, y en caso de que mueran si van a la oscuridad o a la luz.

–Señor, pero ¿quién dirá para dónde vamos? –preguntó Estefan mirándole y separándose un poco de la chica.

–Vengo a reclamar lo que es mío –dijo la otra silueta vestida de negro–. No voy a discutir contigo, ya sabes que no tiene sentido. Tú eres luz y yo oscuridad, los pares se atraen así que voy a llevarme a los que sean iguales a mí.

–No, no por favor –gritó la chica, bajando sus brazos a ambos lados de su cuerpo–. Y aquellos que tomamos un camino errado, ¿tendremos la oportunidad de cambiarlo?

–¿Cambiarlo? –Andrés comenzó a reírse, luego de unas carcajadas dijo– Si pensaste en quitarte la vida, es porque no la querías.

–Así es, cariño. Eres de los míos. Creo que todo está claro y no hay nada más que esperar. Vénganse conmigo chicos, debemos ir a casa –dijo la figura de la capucha negra señalándoles el camino detrás de la roca donde se encontraba.

–¡No, esperen, debe haber alguna forma de cambiar la decisión errada que pudimos tomar! –gritó Estefan– Para eso está el arrepentimiento, para corregir los errores.

–¡Estás loco! –intervino Andrés– ¿Arrepentirse después de muerto?

–Este chico tiene razón, querías la muerte y ella vino por ti –respondió la figura de la capucha negra–. La muerte vino por ti porque tú la llamaste sin temor alguno.

–No, no sabía lo que hacía, estaba desesperada, creí que no había salida, me dejé llevar por mis sentimientos y el miedo –replicó la chica cuando se sintió aludida en la conversación.

–Ah, por favor. ¿Qué es eso? –intervino Andrés– Vente conmigo, vámonos juntos, nos divertiremos mejor que en esta vida. Tendremos la eternidad para pasarla bien.

–Me arrepiento, no quería hacerlo de verdad, fue un error –dijo llorando la chica desesperada por explicar lo que le ocurría.

–Pero bueno, si te vi muchas veces saliendo detrás del granero acomodándote la ropa, después de besarte con el capataz –dijo la voz de la capa negra.

–No fue así, no fue porque quise, él me buscó y me llevó con él –continuó llorando la chica– amenazaba con matar a mi padre sino lo hacía.

–¡Eso dicen todas! –replicó Andrés, asegurando con sus palabras los hechos que él mismo había cometido muchas veces.

–No, no es así, lo juro. Nunca quise, pero temía por la vida de mi padre. Lo juro –respondió desesperada la joven ante las palabras de Andrés.

–¿Qué pasó contigo? –interrumpió Estefan dándole la oportunidad de que ella explicara.

–No quería ofender y deshonrar a mi familia, pensé que la mejor decisión era quitarme la vida y con ello borrar la afrenta que debían vivir, si llegaba a dar fruto lo que pasó con ese hombre.

–Ah, esperabas un hijo –comenzó a reírse Andrés–, qué descaro el tuyo.

–Más a mi favor, mataste a tu hijo también. Eso es un asesinato. No te salva nadie cariño, ven conmigo –respondió la figura de la capa negra.

La figura de la capa blanca golpeó con fuerza la piedra sobre la cual reposaba su brazo, mientras escuchaba a cada uno.

–¿Es eso cierto? ¿Mataste a tu hijo?

–No quería, solo quería morirme, morirme. Cuando la mujer del pueblo me confirmó que esperaba una criatura solo pensé en morirme. Me propuso acabar con la vida de la criatura fácilmente, que nadie se enteraría y que ella no lo diría. Que tomara una bebida que me prepararía y todo acabaría esta noche –la chica continuó llorando más profundamente hasta que el aire le faltaba y cuando pudo recuperarse prosiguió–. Tomé la botella con lo que ella preparó y comencé a caminar, cuando me interné en el bosque llorando aún. Sentía mucha desesperanza y pesar, el dolor que vivirían mi madre y padre por lo que había pasado, sería muy grande. Cuando llegué al río, tomé la botella y la bebí, la lluvia comenzó a caer. Comencé a llorar como ahora sin poder controlarme y seguí caminando por la orilla del río.

–Hasta que la crecida del río te arrastró –interrumpió Estefan– ¿Estás arrepentida?

–Si y mucho. De verdad no quería hacerle daño a esa criaturita que no tenía la culpa. Lo siento, lo siento mucho.

–No hay más nada que aclarar, eres una asesina. Por favor hagamos esto más fácil, no hay que discutir. Andrés y la chica se vienen conmigo.

–No, por favor, debe haber otra solución, está arrepentida de lo que hizo. Por favor escúchela, es que acaso nadie se da cuenta que su arrepentimiento es verdadero. –replicó Estefan para defenderla, creía en sus palabras de desesperanza.

–¡Por favor! –dijo Andrés– es una zorra, todas hacen lo mismo. Acepta como yo que eres muy parecida a mí, utilizas las cosas y las personas por placer personal y ya.

–Le creo, creo que ella debe tener la oportunidad de que su criatura viva y cuidarla para hacerla un hombre de bien. Un hombre que cuide a su familia y vea por ella –dijo Estefan viendo con dolor a la chica, pero tratando de enviarle mucho amor para darle consuelo– No te la lleves, si puedo voy a darle mi oportunidad a ella, para que enmiende su error.

–¡No! –gritó la silueta de la capa negra– Pero ¿quién te crees tú para decidir en esto?

–Creo que Estefan tiene razón. La mancha de su falda no significa que su criatura haya muerto, esa alma todavía vive en ella. Tiene derecho a que pueda corregir su error –apuntó la figura de la capa blanca.

–¡Pero yo no! –respondió de nuevo la figura de la capa negra

–No puedo aceptar que le des tu lugar a la joven. No es lo correcto. Tú te has ganado el derecho a regresar, porque has sido un hombre de bien –le dijo girando su cuerpo para verle–. En la oscuridad no hay cabida para la luz, tú eres pura luz, no tendrás el sufrimiento eterno como pago por las obras de bien que has hecho. Soy un desalmado, pero aun así respeto a los que se han dedicado a hacer el bien, después corromperás a los que viven aún en la oscuridad, no quiero amenazas en mis dominios.

–Disculpe, pero todavía puedo decidir porque tengo libre albedrío, decido que yo tomo su lugar. –Estefan se puso de pie y colocándose delante de la figura vestida de blanco y arrodillándose volvió a insistir– Por favor, permítame ir por ella.

–No puedes ir a la oscuridad cuando eres luz ─ le respondió la figura blanca.

–Tal vez si no le obedezco y peleo por ella, pueda dejar de ser luz.

–¿Pelear?, eso me gusta –respondió la figura negra– Andrés, ¿estarías dispuesto a pelear con este tonto?

–Claro que sí, hasta matarlo de nuevo de ser posible. Seguro estoy que solo no me voy contigo, voy a llevarme compañía –Andrés se arremangó la camisa que cubría sus brazos y golpeó la palma de su mano con el puño de la otra varias veces.

–No, esperen –dijo la chica colocándose en medio del claro–, no es correcto. Si hice tanto daño, debo ser quien pague las consecuencias, no tú. Por favor no lo dejen hacerlo.

–¿Por qué debo dejarte hacerlo Estefan? –intervino la figura de la capa blanca.

–Porque mi madre a pesar de todo lo malo que vivió, luchó por mí para traerme a este mundo. Soy un hombre que he peleado por no hacer daño a otros, si logro hacer algo por ti, con gusto moriría en tu lugar y le daría la oportunidad a ese niño de nacer.

Cuando Estefan se acercó a la mitad del claro, tomó las manos de la chica, mirándola a los ojos le dijo:

–Dale la oportunidad a esa criatura de venir a este mundo y hacer buenas obras, ese será la mejor recompensa para mi alma, aunque permanezca en la oscuridad.

–No es justo, no podría hacerlo. ¿Cómo voy a vivir si tú pasarás la eternidad en la oscuridad por mi decisión? No puedo –le dijo mirándole y dejando las manos de Estefan libres se arrodilló frente a la figura de blanco.

–Le propongo algo mejor, señor. Si me lo permite –le dijo la chica implorándole.

–Te escucho –le respondió– pero lo que digas será hecho. Es la oportunidad que voy a darte porque Estefan te ha defendido, y por su bien, voy a considerarlo.

–Déjame volver y tener a mi hijo. Cuando nazca puedes llevarme, trabajaré para dejarlo en buenas manos, para que crezca y sea un hombre de bien.

–No pidas eso, un hijo debe tener a su madre con él hasta hacerlo un buen hombre. Por favor señor, déjela que pueda ver crecer a su hijo, se lo ruego. No le quite el derecho a ese bebé de crecer sin una madre que lo ame. ¿Cómo aprenderá a amar sin una madre que le enseñe?

–Tal vez consiga un buen padre que vele por él y le enseñe –respondió la silueta de la capa blanca–. Ambos tienen razón y creo que podré hacer la excepción. Tú regresarás y darás a luz a tu hijo. Estefan también regresarás y te daré la oportunidad de recibir la recompensa de tener una hermosa familia a la que llenarás de todo el amor que guarda tu corazón. Cariño, conocerás a un buen hombre que se hará cargo contigo de la criatura, así como José y María cuidaron de mi mientras niño.

Estefan y la chica se arrodillaron frente a la figura de la capa blanca dándole las gracias por su decisión, se tomaron de la mano y se levantaron.

–¡Vas a dejar que estos te quiten esas dos almas! –le reclamó Andrés a la figura negra que estaba muy callada, viendo cómo se llevaban a efecto los acuerdos, sin intervenir.

–¡Cállate!, no soy quien pueda cambiar las decisiones de Dios.

Andrés muy molesto pretendió acercarse para golpear a la figura de blanco, pero la figura de negro lo atrajo hasta él y lo absorbió dentro de la capa negra, llevándoselo consigo.

–Tienen la oportunidad de regresar y esta vez hacerlo mejor. No lo desperdicies Amor –le dijo a la chica mirándola, entonces la capa que cubría su cabeza la dejó caer hacia atrás y una enorme luz los cubrió a todos.

La luz del sol salió cubriendo el solar despejado y poco a poco esos dos cuerpos, con las manos entrelazadas, se despertaron. Estefan fue quien la vio primero y acarició su rostro con ternura, cuando la chica lo sintió abrió los suyos y ambos se abrazaron.

–¿Recuerdas lo que nos pasó, después de la lluvia? –preguntó Estefan mirándola dulcemente.

–Sí te recuerdo, gracias por defenderme.

–Hagamos lo que prometimos, Amor.

–Nadie antes me había defendido como lo hiciste tú, aún sin conocerme, sin saber de mí.

–Solo sé que cuando estamos desesperados, no vemos salida alguna, nuestra mente y el miedo bloquea la razón. Por eso me atreví a defenderte, recordé a mi madre, que también peleó por mí y me cuidó hasta que Dios la llamó. Démosle a tu hijo la oportunidad de ser un hombre de bien, porque crecerá en el seno de una familia que lo amará.

–Sí, igual que la mía, por eso no podía defraudarlos. Gracias por ayudarme.

–Hice lo correcto.

–¿Recordaremos lo que vivimos?

–No lo creo, será como un sueño que compartimos, la realidad lo borrará.

–Gracias por pelear por mi oportunidad. No te arrepentirás.

–Debemos regresar al pueblo, comencemos una vida nueva, Amor.

–¿Cómo sabes mi nombre?

–Porque fue así que te llamó el Señor –Estefan la miró con ternura, acarició su rostro, manteniendo la mirada la ayudó a levantarse para buscar el camino al pueblo de regreso, tomados de la mano.

Mary Agnes Vega.

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