La vida es crear.
Una vez dijo: “la vida es movimiento”, pero en realidad, con sus actos nos enseña que la vida es crear.
La luna llena, esa a la que la pareja de gatos enamorados mira desde el tejado, se ha refugiado en sus aposentos. En el horizonte, con un cielo despejado la aurora le muestra su rostro sonrosado. Los jilgueros la saludan con algarabía mientras los arrullos de las tórtolas le dicen: “te quiero a ti, te quiero a ti”.
Son sus dedos se deslizan sobre el papel despacio, un poco temblorosos, van plasmando las líneas y colores; moldean la pasta para darle forma y volumen a las figuras. Para sus ojos débiles son prácticamente sombras, pero sus dedos los ven, los sienten, son imágenes vivas, llenas de color y movimiento dentro de su imaginación.
Sí, adentro de ella todo sigue en movimiento constante, es el mundo que la llena de vitalidad con sus sonidos estereofónicos, diáfanos, que sus oídos dejan pasar cual murmullos discretos. La madre de manos amorosas le ofrece su corazón al hijo pequeño, la ternura, la protección. Los conejos en el bosque salen a jugar, no pueden estarse quietos, al igual que los pajarillos.
No hay prisa alguna, han transcurrido noventa y nueve años desde que vio la primera luz del día, y desde entonces sus ojos todo lo fueron captando con admiración, llevándolo a esos rincones secretos donde se almacenan las imágenes para siempre, y poco a poco fueron brotando, transformadas en una mezcla de realidad y fantasía; la libertad del artista para crear su mundo a través de gran cantidad de cuentos, dibujos, cuadros de hojas y materiales diversos, piedras coloreadas. Sus manos creadoras son el medio para permitir el paso de esos seres que habitan en su interior.
Sí, la vida es movimiento. A sus noventa y nueve, ahora su paso es lento, apoyada en el bastón, en los brazos de sus hijos o nietos. Con exquisita suavidad acaricia a sus bisnietos sentados junto a ella. Pero el movimiento principal está en su corazón, viaja por todo el mundo para tener junto a ella a sus hijos, nietos o bisnietos, no solo a los que están de visita en su casa, sino también a quienes viven lejos, en otras ciudades de México, o los que radican en el viejo continente al otro lado del océano, otros entre el desierto americano o la gran urbe de hierro. Desde esos lugares tan distantes, hoy, todos estamos dentro de ella, con un abrazo de familia. Corazones unidos por el amor de su creación.
Su espíritu materno de artista nos enseña que la vida es crear todo aquello que está en movimiento dentro del corazón.
Phillip H. Brubeck G.
México.



