Artículo: La gente ha decidido hablar

LA GENTE HA DECIDIDO HABLAR.

La gente ha decidido hablar, ya no puede permanecer callada. El pueblo ha salido a las calles para manifestar su descontento. Han transcurrido 45 años y no quieren se repita la historia de violenta intolerancia.

Es el ambiente que desde octubre de 2019 se vive en Chile, las noticias que envían los amigos indican que es un movimiento totalmente social, no se ven líderes políticos al frente de las protestas. Los argumentos giran en torno a la política económica del neoliberalismo globalizador. Aseguran que durante todos estos años los gobernantes se han dedicado a emitir leyes para favorecer a la clase superior, esos pocos cada día más opulentos, mientras la gran mayoría del pueblo está cada día más pobre.

El mundo está revuelto, por doquier vemos movimientos sociopolíticos demostrando su inconformidad contra los sistemas políticos pauperizadores de la población, no importa si son de izquierda o de derecha, el resultado sigue siendo el mismo: la pobreza sigue avanzando por todo el orbe. Los gritos de inconformidad se escuchan en Chile, Argentina, Ecuador, Brasil, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, México, Cataluña, Francia, Rusia, Líbano, Iraq, Hong Kong, Argelia. Poco se dice de los países africanos, pero la migración hacia Europa continúa en grandes flujos a través del Mediterráneo.

No hay rostros visibles, la mejor forma de convocar a las masas es a través de las redes sociales, prácticamente todo mundo tiene un teléfono móvil. Si alguien aparece como líder, fácilmente puede ser eliminado por el gobernante, acusado de incitar a la sedición.

Dicen que la gente está cansada de los partidos políticos; de los políticos corruptos. Por esta razón tampoco se ven líderes, estos prefieren quedar tras bambalinas para seguir manejando las piezas del ajedrez. Cuando triunfe el movimiento emergerán a la luz pública como los redentores sociales.

Sea quien sea el organizador de las manifestaciones multitudinarias, tiene la habilidad tocar las fibras más sensibles de las personas; advierte que los padres son capaces de todo para alimentar a sus hijos que están muriendo de hambre; sabe que los jóvenes siempre están dispuestos a luchar por causas justas; conoce la facilidad psicológica para masificar a las personas; percibe que es muy difícil detener a las masas enardecidas.

El hombre se ha olvidado del hombre, es la verdadera causa de estos malestares sociales.

La principal deficiencia de los sistemas sociopolíticos actuales es su materialismo. Cimientan el desarrollo de los pueblos única y exclusivamente en los indicadores económicos, en el tener, en la producción y acumulación de la riqueza. Miden todo con el producto interno bruto, el incremento de la productividad, el ingreso per cápita promedio. Al mismo tiempo, pregonan que el progreso económico solo se puede hacer a través de la libre competencia, pues las leyes del mercado son capaces de regular todo.

Nada más falso por su parcialidad.

El hombre se ha olvidado del hombre, pues esa ley del mercado ha demostrado que el más poderoso aniquila al más débil. Las gigantescas corporaciones globales no dejan crecer a las microempresas locales. Las cadenas de tiendas de conveniencia provocan el cierre de las misceláneas de barrio.

En el otro extremo, hay quienes dicen abogar por el pueblo y solamente han logrado extender la pobreza aún más, al controlar por completo la actividad económica, que es lo que les interesa.

En ambos bandos se han olvidado que el verdadero desarrollo de los pueblos consiste en trabajar por el bien de la sociedad en todos sus aspectos, no nada más el económico: es hacer todo lo necesario para alcanzar realmente el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales las personas, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección, por eso la gente ha decidido hablar, ya no puede permanecer callada.

Sí, es indispensable contar con buenas condiciones materiales, es imprescindible comer para poder vivir; se requieren una vivienda, muebles y ropa, para dar a la familia un nivel de vida digno. Por lo tanto el trabajo debe redituar un salario justo que le permita satisfacer esas necesidades mínimas. Pero esto no es todo.

También debemos ver los bienes no tangibles como son la educación y la cultura, lo que permite desarrollar otros aspectos de la persona, ayuda a que sea él mismo, por sí mismo. Bien dicen los hombres sabios que nos han precedido en todos los tiempos y lugares del mundo, que la educación y la cultura nos hace libres, pues nos ayuda a razonar sobre las causas de los problemas para encontrar las soluciones de raíz. Nos permite distinguir el bien del mal, lo verdadero de lo falso, y así, sostendremos una actitud crítica de manera objetiva, de manera congruente, sin que nos manipulen.

Además, debemos ver las condiciones de carácter inmaterial, como el desarrollo de las virtudes como son el amor y la amistad que brotan de la convivencia humana, fuente de la solidaridad, la subsidariedad, el respeto a los demás, la aceptación de las diferencias para complementarse; todos ellos requisitos básicos para el desarrollo de los individuos de manera equilibrada, pues el aspecto de los sentimientos propicia el desarrollo psicológico armónico, de tal suerte que puede estar seguro de lo que es, de sí mismo, le genera confianza en su actuar, y por lo tanto puede salir de él para ayudar a los demás.

Ese bien social también debe propiciar las condiciones para que las personas crezcan espiritualmente y obtengan la paz interna, con la cual gobiernen su ser como individuos y como integrantes de una sociedad. La religión, la relación con Dios, como su origen, su guía y destino final, es fundamental para su crecimiento constante.

La gente ha decidido hablar, pues está consciente que desde su microcosmos coadyuva en la transformación del mundo, cuando la guía la verdad, el bien y la justicia, por eso debemos volver a considerar al hombre de manera integral, en cuerpo y espíritu.

Phillip H. Brubeck G.

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