
Escucho la voz sacerdotal, mañana de frío óseo hasta el mero centro de mis huesos campesinos, los mismos que corren veloces, buscando sesenta años, salidos del campo rojizo,
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Escucho la voz sacerdotal, mañana de frío óseo hasta el mero centro de mis huesos campesinos, los mismos que corren veloces, buscando sesenta años, salidos del campo rojizo,
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Bebo para olvidar. Deambulé por bares de mala muerte, donde cada sorbo de vino es como un puñal de olvido, en cada mesón yacía mi rostro...
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Despertar, sin dormir apurado. Es la mañana la esperanza de un nuevo día, de sueños rotos, de alegrías. Sintiendo que la luz, despierta los duendes de la noche,
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